La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Los jueces al rescate

Posted by Krigan en 11 junio 2009

La respuesta gradual (también conocida como ley de los 3 avisos) ha sido herida de muerte. El Consejo Constitucional francés (el tribunal constitucional de allí) ha declarado inconstitucional parte de la ley francesa de los 3 avisos.

Los 2 puntos más importantes de la resolución del Constitucional son que la conexión a Internet no se podrá cortar si no es por resolución judicial, dado que tal corte afectaría al derecho fundamental a la libertad de expresión, y que no se podrá violar la presunción de inocencia, la carga de la prueba recaerá sobre el que acusa, no sobre el acusado.

En realidad no hay aquí nada que vaya a sorprender a nadie que se haya leído cualquier constitución de cualquier país democrático, en todas las democracias se protege con especial celo tanto la libertad de expresión e información como la presunción de inocencia. Pero es precisamente por esto por lo que esta resolución del Constitucional francés tiene un alcance universal. Los jueces han acudido al rescate y han dejado bien claro que hay ciertas cosas que ni un gobierno ni un parlamento pueden hacer, precisamente porque una de las funciones más importantes de una constitución, tal vez la más importante, es limitar el poder del estado.

La democracia ha ganado, la industria de contenidos ha perdido. La esencia de la respuesta gradual era precisamente el evitar la intervención de los jueces, y que el internauta fuera condenado sin juicio y sin pruebas, a mera petición de la industria de contenidos.

Tratarán de darle la vuelta de muchas maneras distintas. Hablarán de reducir la velocidad en lugar de cortar la conexión, pero esto afecta igualmente a la libertad de expresión y será igualmente un juez el que decida. Propondrán rodeos y vueltas que no soy siquiera capaz de adivinar, pero ni la más fértil de las imaginaciones de los guionistas de Hollywood será capaz de cambiar el hecho fundamental de que será un juez el que decida, el cual exigirá pruebas de culpabilidad.

Esta es ya la tercera estrategia fracasada de la industria de contenidos. Primero demandaron a las empresas creadoras de programas p2p como Napster, pero esto sólo sirvió para multiplicar como setas en un día de lluvia los programas p2p, que pasaron a ser creados en muchos casos por programadores particulares.

Después fueron a por los internautas, mediante una campaña de demandas masivas que fue especialmente virulenta en Estados Unidos. 5 años y 35.000 demandas después se dieron cuenta de que esto tampoco funcionaba, y abandonaron esta segunda estrategia.

Finalmente, agarrándose a un clavo ardiendo, diseñaron un sistema de “justicia” hecho a su medida: yo te acuso, yo te condeno. Es esto precisamente lo que ha tumbado el Constitucional francés, y lo ha tumbado a nivel mundial porque difícilmente se puede concebir que algún otro tribunal constitucional vaya a fallar otra cosa en cualquier otro país democrático.

La pregunta es ¿qué va a hacer ahora la industria de contenidos? Se han quedado sin la que iba a ser su estrategia para los próximos años, así que tendrán que adoptar otra. Tienen ante sí varias posibilidades:

– Dedicarse a vender lo que los clientes desean comprar: entradas de concierto y cine, publicidad en webs de streaming (las cuales están teniendo un gran éxito), descargas rápidas y cómodas (si Rapidshare puede hacerlo, ¿por qué ellos no?), etc.

– Aprovechar lo que ha quedado en pie de la ley francesa (el mero hecho de avisar no ha sido declarado inconstitucional) para montar un servicio de spamming masivo (“eres un internauta muy malo”) financiado con fondos públicos. El problema para ellos es que más del 99,99% de la población no hace caso al spam. Es más, resulta fácil incluirles en las listas anti-spam.

– Dedicarse al sacapelas. Si ya cobran canon por la copia privada, ¿por qué no otro canon a la conexión? En mi opinión, es por ahí por donde van a tirar. En los próximos meses y años veremos cómo de forma creciente se nos insiste en lo maravilloso que es que se nos cobre a la fuerza por algo que no queremos comprar.

Hagan lo que hagan, una cosa está clara. La represión no funciona, así que ya pueden ir pensando en otra cosa.

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