La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Archive for 27 septiembre 2009

El precio de la represión

Posted by Krigan en 27 septiembre 2009

Discográficas y productoras de cine están usando por todo el mundo su influencia política tratando de conseguir que se aprueben las llamadas leyes de los 3 avisos, las cuales crearían un procedimiento legal extraordinario, de dudosa constitucionalidad, para reprimir el intercambio de canciones y películas en Internet, a base de desconectar a los internautas que supuestamente hayan sido pillados por tercera vez descargando obras protegidas del p2p.

Uno de los escollos que se están encontrando es que una parte nada despreciable de la clase política, junto con las telecos, les están exigiendo que hagan disponibles sus contenidos en Internet antes de iniciar esta nueva represión contra los internautas. A las telecos no les hace gracia que se hable de desconexiones porque ello las conduciría a una pérdida de ingresos, y a muchos políticos no les hace gracia el arremeter contra sus propios votantes, por la obvia posibilidad de que ello se traduzca en pérdida de votos.

Discográficas y productoras de cine argumentan que ya hay una amplia oferta de canciones y películas en Internet. ¿Seguro? En la tele puedo ver gratis con anuncios y grabar cada año literalmente miles de películas, pero para ver cualquiera de ellas en Internet he de pagar una cierta cantidad por cada una. Si cualquier película “antigua” (de más de 2 años) la puedo ver gratis en la tele, ¿por qué no puedo hacer lo mismo en Internet? Si cualquier serie de televisión la puedo disfrutar en la tele sin pagar, tan sólo viendo unos cuantos anuncios, ¿porqué no puedo hacer otro tanto en Internet? Difícilmente se puede hablar de que estén ofertando de forma realista sus productos en Internet si  resulta que he de pagar por algo (ver pelis y series) que fuera de Internet puedo hacer gratis.

Además del precio, otra cuestión sería el DRM. Las pelis y series que emiten en abierto por la tele van sin DRM, y por lo tanto se pueden grabar libremente. En Internet debería ser lo mismo, no se puede hablar de que hay una amplia oferta de algo en Internet a no ser que ese algo se esté ofreciendo en las mismas condiciones que fuera de Internet.

Con las canciones las cosas son ya un poco diferentes. Desde hace menos de un año es posible disfrutar gratuitamente de las canciones individuales (elegidas por el usuario) en streaming con anuncios a través de servicios como Spotify. Tales servicios están teniendo un gran éxito, y un gran número de internautas están cambiando el p2p por Spotify… sólo que el propio Spotify funciona internamente mediante un sistema p2p. ¿No se podía haber hecho esto mismo con Napster hace 10 años? Por supuesto que sí, pero las discográficas han necesitado 10 años de fracasos para aceptar la idea.

A pesar del éxito de la comercialización por Internet, las discográficas no están contentas. Nos dicen que sí, que las descargas de pago están subiendo como la espuma, lo mismo que el streaming gratuito de canciones, pero que la caída en picado de las ventas de CDs no se ve compensada por el gran aumento de los ingresos obtenidos en Internet. Sin embargo, pretender que los ingresos de Internet sean tan elevados como lo eran los ingresos de CDs en sus mejores tiempos no es nada razonable. El coste de fabricación y distribución de CDs es relativamente elevado, sobre todo la distribución, el coste de distribución de canciones por Internet es irrisorio. Pretender que los ingresos sean los mismos cuando la eliminación del soporte físico ha reducido tanto los costes no es sino un burdo intento de querer aumentar desmesuradamente el margen de beneficios.

Así pues, todas estas peticiones de nuevas leyes represivas por parte de las discográficas tan sólo esconden un deseo de aumentar los beneficios. No estamos hablando de sostener el negocio de la música en Internet, tal negocio va estupendamente, sino de que ellos quieren ganar todavía más dinero del que ya están ganando.

Desde luego, estamos acostumbrados a la contabilidad creativa de las discográficas. Recordemos que durante años nos estuvieron diciendo que cada descarga del p2p era una venta perdida, a pesar de que tal afirmación es algo abiertamente contrario a la ley de la oferta y la demanda. No es lo mismo que bajarte mil canciones te salga gratis a que te cueste mil euros. En el primer caso te las bajas si las quieres oír, en el segundo caso te lo piensas 2 veces antes que gastarte ese dinero.

Comparar los ingresos del mercado del CD con los de Internet, y hablar de pérdidas porque los ingresos de Internet son menores, no es sino otro ejercicio más de contabilidad creativa. En cualquier negocio lo que hay que mirar es el margen de beneficios, no el volumen de ingresos, y tan sólo se puede hablar de pérdidas si el margen de beneficios es negativo. ¿Por qué no nos dicen las discográficas cuál es su margen de beneficios? Este es un dato fundamental a la hora de evaluar si hemos de aprobar nuevas leyes para salvar su negocio, porque igual resulta que no es necesario salvar nada, igual resulta que el negocio ya les está yendo bien.

Por otro lado, ¿cuánto nos costaría la represión? No me refiero a los costes sociales y políticos, que también serían considerables, sino a los costes económicos. Tales costes se pueden calcular de forma rigurosa, a diferencia de los cálculos que hacen las discográficas. Desde luego el necesario aparato de represión para hacer valer una ley de los 3 avisos tiene un coste elevado, que las discográficas van a querer que sea pagado del dinero de nuestros impuestos, pero no es el único que hay. Si un internauta está pagando 40 euros al mes por su conexión a Internet, para ese internauta la conexión tiene al menos ese valor. Si para él no valiese tanto, no la contrataría. Y, desde luego, a la teleco tampoco le hace gracia la idea de dejar de ingresar ese dinero.

La anterior ministra de Cultura de Francia, que apoyaba una ley de los 3 avisos que fue declarada inconstitucional, señaló que se iba a desconectar a mil internautas por día, 365.000 desconexiones al año. Si asumimos, por la menor población, que en España serían unas 250.000 desconexiones al año, a 40 euros mensuales por conexión, eso equivaldría a 10 millones de euros por cada mes que los internautas permanezcan desconectados, 120 millones de euros al año si se les desconecta durante un año.

¿Van a pagarle las discográficas ese dinero perdido a las telecos? Lo lógico sería que el coste lo asumiera aquel que se va a beneficiar de ello, pero dudo mucho que las discográficas deseen hacerlo, sobre todo si tenemos en cuenta que las ventas de discos en España fueron de 225 millones de euros en el 2008, y que más de la mitad de este dinero se lo quedaron el distribuidor y la tienda. Es decir, el coste económico de las desconexiones podría ser incluso mayor que el valor del obsoleto mercado que se pretende proteger, y todo ello sin ninguna garantía de que los internautas vayan de repente a volver a comprar CDs, en lugar de grabarse las canciones de Spotify o de cualquier otro sitio.

Dado que la pérdida de ingresos para las telecos puede ser monstruosa, lo que proponen las discográficas es que el internauta desconectado siga pagando por la conexión, lo cual funciona muy bien en un mundo de fantasía, pero no tan bien en la realidad. Si a mí me desconectan, y la teleco me sigue incluyendo el precio de Internet en la factura, lo que hago es no pagarla, con lo cual la teleco no sólo se queda sin el dinero de Internet, sino también sin la cuota de línea, o cualquier otro concepto incluido en la factura. Para las llamadas ya usaré el móvil, y no me voy a morir por no poder ver Imagenio si lo tuviera contratado.

Desde luego, la teleco podría reclamar el pago de la factura en los tribunales (aunque en la práctica nunca lo hacen a no ser que sea una deuda elevada), pero entonces tendrían que andar demostrando con pruebas que verdaderamente fui desconectado legalmente. Es decir, tendrían que demostrar que yo fui el que se bajó esas canciones, y eso es indemostrable, tanto por el hecho de que hoy día todo el mundo tiene router wifi en casa, mal protegido en la gran mayoría de los casos, como por el hecho de que en un domicilio suele vivir más de una persona, el titular al que se le pretende cobrar tal vez ni siquiera conecte a Internet.

Las telecos lo saben, saben que en la práctica la motivación del cliente para pagar consiste en seguir teniendo el servicio, y por eso se oponen firmemente a cualquier propuesta que implique desconexión. En definitiva, todo esto de los 3 avisos consiste en ver si hundimos el negocio de las telecomunicaciones para tratar de salvar el insalvable negocio del CD. Entretanto, las descargas de pago y el streaming de canciones siguen yendo viento en popa, lo mismo que los conciertos.

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Nunca hemos pagado por el contenido

Posted by Krigan en 20 septiembre 2009

Editoriales, discográficas, y productoras de cine nos dicen que hemos de pagar por los contenidos, que es ilegal e inmoral que no paguemos por ellos. Sin embargo, una cosa es lo que diga su propaganda y otra distinta es la realidad. Lo cierto es que nunca hemos pagado por los contenidos, sino por copias de los mismos.

Como consecuencia de esta propaganda falsaria, mucha gente cree erróneamente que al venderte la copia te dan una especie de derecho a leer el libro, oír las canciones, o ver la película. Sin embargo, tal derecho a leer, a oír, o a ver las respectivas obras nunca ha formado parte de los derechos de autor, ninguna ley de ningún país del mundo ha dado nunca tal derecho exclusivo al autor. Más aún, resulta evidente que ellos no están cediendo ningún derecho de ninguna clase por el hecho de que incluyen en las copias que nos venden la famosa frase “Todos los derechos reservados”.

La distinción entre vender contenidos y vender copias de los mismos no es para nada trivial. Por el contrario, constituye el núcleo del problema. El autor es el único que tiene derecho a comercializar su obra, el único que tiene derecho a vender copias de la misma, en eso ha consistido siempre el derecho de autor. Pero ¿qué pasa cuando la gente se hace sus propias copias de la obra?

Los avances tecnológicos de las últimas décadas han posibilitado que cualquiera pueda hacer copias de cualquier obra de forma fácil y a un coste virtualmente nulo. Como la industria de contenidos sigue empeñada en cobrar caras sus copias, en lugar de darlas gratis con publicidad, lo que hemos hecho los clientes es recurrir al auto-abastecimiento, nos hacemos nuestras propias copias.

Ante esto, hay 2 opciones: o bien la industria cambia su modelo de negocio, cosa que no quieren hacer, o bien perseguimos por ley el auto-abastecimiento. Esta última opción, sin embargo, significa el llevar el derecho de autor a un terreno inexplorado, es darle a los autores derechos que nunca han tenido.

En el pasado, antes de que la tecnología hiciera posible el auto-abastecimiento, el derecho de autor era algo que no afectaba directamente al público. Editores, impresores, distribuidores, y otros profesionales de la industria sí veían que se les prohibían ciertas cosas, que necesitaban la firma del autor para participar en la comercialización de la obra. Tales prohibiciones no les resultaban onerosas. Al contrario, favorecían su negocio dado que les permitían comercializar sus productos en régimen de monopolio. El público no se veía afectado en la práctica por tales prohibiciones, salvo indirectamente por un incremento en el precio y por algunas carencias de abastecimiento, generalmente (aunque no siempre) de obras poco populares, pero tales prohibiciones no restringían su libertad.

Sin embargo, el intento actual de extender los derechos de autor, para impedir el auto-abastecimiento, sí que afecta directamente a los propios clientes, es precisamente a ellos a los que se les quiere prohibir que se auto-abastezcan, y tal prohibición es abiertamente contraria a sus propios intereses. En definitiva, el derecho de autor era antes una prohibición que beneficiaba a aquellos a los que afectaba directamente, mientras que el nuevo derecho de autor que paso a paso, mediante sucesivas reformas legales, están tratando de imponer, es una prohibición que perjudica a una gran mayoría de afectados en beneficio de una pequeña minoría.

Las analogías que se pueden establecer son demasiado numerosas. Prohibamos el hacer punto para beneficio de los fabricantes textiles, prohibamos beber agua del grifo para beneficio de los que venden agua embotellada. Prohibamos también el hacer copias para beneficio de los que venden copias. El problema es, por supuesto, que si prohíben beber agua del grifo ¿cómo van a saber que yo la estoy bebiendo? ¿Cómo van a impedir que yo la beba? Sin duda es necesario ir un paso más allá, y prohibir que la gente pueda tener agua corriente en sus casas. Pero como también pueden proveerse de agua para beber en las fuentes públicas, también quitamos estas, y como necesitarán agua para el aseo, que se bañen en las piscinas, y que el agua de estas sea salada, para que no la puedan beber. Y como el agua salada se puede destilar, prohibamos la venta de destiladores…

Como ya he dicho, hay 2 opciones, y la otra es simplemente que cambien su modelo de negocio. No hay necesidad de darle a los autores nuevos derechos que nunca han tenido, no hay necesidad de cargarse los derechos constitucionales de los ciudadanos para instaurar un estado policial, para hacer cumplir esos derechos de autor que nunca antes han existido. Que el cambio tecnológico origine cambios en los modelos de negocio no es nada nuevo, ha estado pasando desde que se inició la revolución industrial.

Tal vez los nuevos modelos de negocio les hagan ganar menos dinero o tal vez no. En su día la industria del cine trató de ilegalizar los reproductores de vídeo doméstico, no lo consiguieron, y pocos años después la venta y alquiler de películas ya se había convertido en su principal fuente de ingresos. Es precisamente esa fuente la que ahora tratan de proteger a base de nuevas prohibiciones. En consecuencia, no es cosa segura que sus nuevas prohibiciones vayan a favorecerles, ya han demostrado que son incapaces de ver su propio futuro. Lo que sí es seguro es que el resto de la Humanidad no podemos estar a expensas de que ellos quieran adaptarse a las nuevas tecnologías. El precio que pagaría la sociedad si cediéramos a sus pretensiones sería demasiado alto.

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Los periódicos se hunden

Posted by Krigan en 14 septiembre 2009

Los periódicos se hunden. Sus ediciones impresas no paran de perder clientes, y sus ediciones online no generan suficientes ingresos publicitarios como para sostener el muy caro entramado empresarial que los sustenta.

Las ediciones impresas pierden clientes por una razón bien sencilla: Internet. Un medio impreso no puede darme las noticias tan actualizadas como Internet, ni tanta información por cada noticia, ni tanta variedad de noticias, ni permitirme expresar al momento mi opinión sobre la noticia, ni leer la opinión de otros lectores. El periódico impreso está muerto, se ha quedado obsoleto.

Ahora bien, ¿por qué las ediciones online no generan suficientes ingresos? Básicamente porque no es un problema de ingresos, sino de costes. Han de sufragar un entramado empresarial que Internet ha convertido en innecesario. En un periódico impreso ha de estar todo lo que el lector vaya a desear: no sólo las noticias de política nacional, sino también las de deportes, a pesar de que muchos lectores no leen estas últimas (o viceversa). Por supuesto, también ha de tener las noticias internacionales, las regionales, las culturales, o las de cualquier otra categoría, además de la programación de la tele, la cartelera de cine, el crucigrama y el sudoku, las tiras cómicas, la previsión del tiempo, y cualquier otra cosa que me haya dejado en el tintero.

Obviamente el coste de proporcionar sólo noticias de política nacional no es el mismo que el de dar toda la retahíla anterior, pero lo que en un medio impreso es una necesidad (el periódico ha de tener de todo porque generalmente el cliente sólo compra uno) en Internet es un lastre. Dado que puedo ver las noticias deportivas en la web de Marca, ¿para qué necesito que también aparezcan en la web de El Mundo? Lo mismo para el sudoku o cualquier otra cosa que se quiera mencionar. Dado que en Internet hay de todo, se impone la especialización. Ya no es posible ser un medio generalista, es demasiado costoso el abarcarlo todo, especializarse es la única opción.

Esta parece ser una idea demasiado avanzada para algunos. En lugar de ir cerrando periódicos impresos que ya sólo son un saco de pérdidas por haberse quedado obsoletos, y especializar las ediciones online en lo que sea el punto fuerte de cada una (la política nacional en el caso de El País o El Mundo),  su alternativa consiste en repetir algo que ya intentaron hace años y que fue un fracaso: cobrar por las ediciones online. Naturalmente, volverá a pasar lo que ya sucedió hace una década. El primero que lo haga perderá al 85% de su clientela, para beneficio de aquellos otros que también dicen que van a cobrar, pero prefieren que sea otro el que primero se moje.

Así que en lugar de adaptarse al nuevo medio, cometen el error clásico de pretender que sea el medio el que se adapte a ellos. No pasa nada, es su dinero. Que se estrellen si quieren, y cuando ya hayan vuelto a darse el tortazo, tal vez recapaciten y empiecen a decirse a sí mismos “podríamos quitar la sección de deportes, y el sudoku, y también…”

No es mi problema, ya aprenderán, y si no aprenden serán reemplazados por los numerosos medios exclusivamente online y especializados que ya existen. Lo que sí es mi problema es su empeño en echarle la culpa a otros. Como ellos son unos incompetentes, en lugar de reconocer sus errores lo que hacen es echarle la culpa a los agregadores de noticias, a los blogs, y sobre todo al malvado Google. Esa clase de basura sí es mi problema. A mí me gustan los agregadores de noticias, ¿por qué me los quieren quitar? A mí Google me da un buen servicio, ¿porqué he de quedarme sin él?. Yo visito varios blogs y yo mismo tengo uno, ¿por qué he de dejar de hacerlo?

Ellos dicen que nos aprovechamos de sus noticias, parecen olvidar que la información no tiene dueño, y que ellos mismos obtienen frecuentemente la información de terceros o de sus propios competidores. Pues bien, ¿a qué esperan? Que pongan ya mismo de pago sus ediciones online, que se lo coman con su propia salsa, que no lo dejen para el año que viene. En definitiva, que hagan lo que quieran, pero que a los demás nos dejen en paz. Esos inadaptados económicos tienen derecho a seguir tirando por el retrete el dinero de sus accionistas, pero no soy capaz de ver ni una sola razón por la cual los demás tengamos que aguantar sus pretensiones de aprendiz de dictador.

Tengo derecho a usar Google, tengo derecho a seleccionar las noticias a través de un agregador, tengo derecho a tener un blog y a disfrutar de los blogs de los demás. Y si eso les pica, que se rasquen. A Franco ya lo dejamos atrás, no veo porqué nadie tiene que decirme lo que puedo publicar y lo que no, ni cómo he de buscar la información. Porque en definitiva se trata de eso, de que ellos quieren seguir teniendo el control del acceso a la información. Y como el mundo ya no funciona así, se dedican a criminalizar a los blogs, a los agregadores de noticias y a Google.

Los periódicos se hunden, y espero que terminen de hundirse cuanto antes mejor. Cuanto antes desaparezcan, menos tiempo habrá que soportar sus tonterías. Cuanto antes suceda, antes podremos gritar ¡aleluya! sus antiguos clientes.

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