La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Archive for 13 diciembre 2009

¿Quieren una guerra que no pueden ganar?

Posted by Krigan en 13 diciembre 2009

En la película “Acorralado” el coronel le pregunta al sheriff que trata de capturar a Rambo “¿quiere una guerra que no puede ganar?”. El sheriff contesta “¿Cree que doscientos hombres contra su soldado es una guerra que no vamos a ganar?”, a lo cual el coronel le replica que adelante, que siga esa guerra, pero que no se olvide de tener una buena provisión de ataúdes.

Tal vez la industria de contenidos se debiera hacer la misma pregunta con respecto a los internautas que descargan sus obras sin pudor. Sí, ya sé, “Acorralado” es una obra de ficción, pero la Historia está llena de ejemplos de gente muy poderosa que fue a una guerra creyendo que la iban a ganar y la perdieron. Napoleón en España es un ejemplo entre muchos. En consecuencia, toda persona sensata, antes de iniciar un conflicto, debiera preguntarse “¿puedo ganar esta guerra?” y también “si la pierdo, ¿cuánto me va a costar?”

Desde el punto de vista de los internautas, no hay dilema. El internauta siempre tiene como opción el dejar de descargar, lo peor que le puede suceder es que tenga que grabar las canciones de Spotify y las películas de la tele si quiere tener copias permanentes de las mismas. El coste que afronta la industria de contenidos es mucho mayor. Por un lado la animadversión de sus propios clientes, por otro el seguir perdiendo ventas a lo tonto por negarse a la adaptación. Lo peor de todo, sin embargo, puede ser que los ciudadanos acaben percibiendo los derechos de autor como un peligro para la democracia y  el avance tecnológico, y acaben por preferir que no haya derechos de autor.

El internauta puede individualmente elegir no descargar si se ve en riesgo de ser castigado, pero no puede elegir qué es lo que van a hacer los demás. Que las descargas van a continuar es un hecho innegable, en Estados Unidos las discográficas se pasaron 5 años demandando a decenas de miles de internautas, con castigos que se medían en cientos de miles de dólares, y a pesar de ello el uso del p2p siguió aumentando. El fracaso fue tan evidente que las propias discográficas ya hace año y medio que han abandonado esa estrategia.

En consecuencia, el ciudadano no puede evitar que los demás descarguen, de la misma manera que la todopoderosa industria de contenidos tampoco puede evitarlo, ni siquiera con la más salvaje de las represiones, pero hay una cosa que los ciudadanos sí pueden hacer, y es votar. Si se les da a elegir entre perder la democracia y el desarrollo tecnológico, o abolir los derechos de autor, ¿qué cree usted que elegirán?

Naturalmente, la industria de contenidos insiste en que ambas opciones son compatibles, afirman que es posible mantener los derechos de autor tal y como están ahora, y al mismo tiempo mantener la democracia y el progreso tecnológico. Sin embargo, sus propios actos y sus propias peticiones al legislador desmienten tal afirmación. Su propuesta para mantener los derechos de autor consiste precisamente en eliminar todo aspecto de la democracia que les resulte inconveniente y toda innovación que perjudique su obsoleta manera de hacer negocio.

Desde luego, la cuestión no es si la democracia está en peligro, o si lo está el avance tecnológico. Está bastante claro, al menos para mí, qué es lo que el votante elegiría llegado el momento, y no olvidemos que no puede haber derechos de autor sin una ley que proclame tales derechos. De la misma manera que el internauta siempre puede dejar de descargar si se siente amenazado, el ciudadano también tiene siempre la opción de eliminar los derechos de autor.

Por ello yo le pregunto a la industria de contenidos, ¿de verdad quieren una guerra que no pueden ganar? Si es así, adelante, sigan con la guerra, pero no se olviden de tener una buena provisión de ataúdes para todos esos innumerables derechos de autor que serán enterrados tan pronto como los ciudadanos se sientan amenazados.

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El poder de la Red

Posted by Krigan en 5 diciembre 2009

Hace 3 días se conoció que el gobierno español intenta que se apruebe una nueva ley en virtud de la cual el Ministerio de Cultura podrá cerrar webs, y cualquier otro servicio de Internet, sin orden judicial, al más puro estilo de la censura franquista, solo que ya no será por motivos de moral ni de política, sino por motivos de dinero. En la Internet española se montó la de Cristo es Dios, y al acabar el día segundo día de protestas virtuales el Ministerio de Cultura ya andaba convocando a toda prisa a unos cuantos de los más destacados internautas para una reunión a primera hora de la mañana siguiente.

Lo que ocurrió al día siguiente, ayer, fue una movida infernal. Primero se celebró la reunión, publicándose minuto a minuto su desarrollo en Internet, más concretamente en Twitter. No acabó al gusto de los internautas convocados, ni tampoco al gusto de otros muchos internautas, que así lo expresaron en la red de redes, y el resto del día pudimos ver declaraciones de varios ministros y también al propio presidente del gobierno hablando del tema. A muchos les pareció que el gobierno se echaba atrás, aunque tal vez no fuera cierto, pero como mínimo el gobierno jugaba a apagar fuegos, y el principal partido de la oposión jugaba a avivarlos.

En la noche de este tercer día, aparecieron en Internet convocatorias para concentrarse en 31 ciudades españolas. En realidad los convocantes eran ciudadanos de a pie que decían “aquí voy a ir yo y los demás que me sigan si quieren”. Y los demás les seguimos. La capacidad de auto-organización que demostró tener la Red fue digna de asombro.

Llegamos así al cuarto día, hoy viernes, aunque escribo esto cuando ya ha pasado la medianoche y ya es oficialmente sábado. Las concentraciones se celebraron. Estuve en la de Valencia y fuimos 60 ó 70, una chica dijo que éramos 80. En Madrid dicen que fueron 200.

Personalmente me sentí muy emocionado. Nunca nadie antes, ni sindicato ni partido político, había organizado una concentración simultánea en 31 ciudades en menos de día y medio. Y lo más pasmoso, en realidad nadie concreto lo organizó, y a nadie le importó un bledo que no hubiese organización, porque no era necesaria.

Claramente hay un antes y un después de esto, hemos hecho historia. Sin embargo, hay una desproporción evidente entre los 114.000 internautas que se han unido al grupo de protesta de Facebook, y los como mucho 3.000 que fuimos a las concentraciones en toda España.

No quiero ser malinterpretado, he ido a un buen numero de actos de protesta en mi vida, por los más variados motivos, y voy a seguir yendo. No obstante, ese ansia por protestar en la calle, sabiendo de antemano que casi nadie va a acudir, ¿no es un aferrarse al pasado? Parecemos discográficas, incapaces de darse cuenta del potencial de Internet.

Es en la Red donde somos fuertes, es en Internet donde la tecnología juega a nuestro favor, y hemos demostrado que sabemos aprovecharla. Aquí, como mínimo, hemos conseguido que el presidente del gobierno prometa en público que no se cerrarán webs, y eso lo dijo antes de las concentraciones. En Nueva Zelanda los internautas tumbaron una ley de los 3 avisos, consiguieron que una ley que ya estaba aprobada fuese abolida antes de entrar en vigor. Sigo leyendo libros en papel pero, ¿de verdad el futuro está ahí? Sigo yendo a manifestaciones y concentraciones pero ¿de verdad el futuro está ahí?

¿Creemos o no creemos en el poder de la Red? Si creemos, ¿por qué criticamos a los culos gordos? ¿Por qué siempre decimos que hay que levantarse del asiento? Si a mí me dieran a elegir entre tener de mi parte a mil manifestantes en la calle o a cien mil monos aporreando el teclado en Internet, preferiría esto último, porque yo sí creo en el poder de la Red.

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