La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

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11 años de p2p

Posted by Krigan en 26 junio 2010

Se han cumplido ya 11 años desde el nacimidento de Napster, la primera red p2p. Podríamos hablar largo y tendido de lo ocurrido en estos 11 años, pero vamos a hablar de lo que no ha ocurrido.

El negocio musical no se ha hundido. Por el contrario, la asistencia a los conciertos está aumentando, y crecen a velocidad de vértigo tanto las descargas de pago, cuyo principal exponente es iTunes, como el streaming de canciones, gratuito con anuncios, de Spotify.

Obviamente las ventas de CDs han bajado mucho, y continuarán bajando, pero ¿alguien esperaba otra cosa? Un CD es un trozo de plástico de 13 centímetros de diámetro, ¿cómo vas a meter eso en un reproductor portátil de nuestros días? Además, sólo contiene unas 12 canciones. ¿Se lo imaginan? Tener que andar cambiando de disco cada 12 canciones. Por si fuera poco, es posible que parte de esas 12 canciones no nos gusten. Para colmo, tienes que ir a la tienda a comprarlo, y es posible que no tengan el que andas buscando.

Tampoco se ha hundido el negocio del cine. Cada vez se hacen películas más caras, que cada vez dan más dinero. La película más taquillera de la historia del cine es Avatar, estrenada hace sólo unos meses. Las entradas de cine están aumentando y, en Estados Unidos, tanto las descargas de pago como el streaming gratuito con anuncios están teniendo un gran éxito. En España no… porque las productoras de cine todavía no les ha dado la real gana de ofrecernos eso (sólo ofertan pelis para verlas en  el ordenador, pero no pelis para verlas en la tele).

Las ventas y alquileres de DVDs también han bajado mucho, y seguirán bajando. Como es bien sabido, un DVD tiene el mismo tamaño que un CD, y contiene sólo una película, que también hay que ir a la tienda a comprarlo (o al videoclub a alquilarlo), y que tal vez no tengan disponible la que andas buscando.

En definitiva, lo que sí ha sucedido es que el CD y el DVD se han quedado obsoletos. Lo que no ha ocurrido es que se haya hundido el negocio del cine y la música, y ni tan siquiera se ha hundido la venta de copias, simplemente ahora se hace por Internet. ¿Y los libros? También las ventas de libros electrónicos están subiendo a velocidad meteórica.

Esto es la realidad, pero la industria de contenidos sigue proclamando a los 4 vientos un futuro catastrofista sin ningún fundamento. ¿Futuro? El futuro ya está aquí, ya han pasado 11 años desde que se inventó el p2p. ¿Cuántos años más hemos de esperar a que llegue el Armagedón? ¿Mil años tal vez?

Si un chalado dice que el fin del mundo llegará el año que viene, ¿han de hacer los legisladores leyes especiales para afrontar el fin del mundo? Si alguien que no está chalado, pero que es parte interesada en lo que dice, nos asegura que el fin del mundo está próximo, a no ser que aprobemos leyes especiales para favorecerle, ¿hemos de creerle?

Los legisladores tienen la obligación de legislar en base a la realidad, basarse sólo en hechos contrastados, y no en las fábulas de los guionistas de Hollywood. Lo que la industria de contenidos se ha pasado 11 años pronosticando no ha pasado, ni está ocurriendo, ni va a suceder, no hay absolutamente ningún dato que indique que va a ser así.

Los políticos se juegan su reputación. Como decía Forrest Gump, tonto es el que dice tonterías. O el que se las cree. ¿11 años no son suficientes para ver lo que está ocurriendo? Pues muy ciego tiene que estar el que no lo vea.

En cuanto a la industria de contenidos, ¿cuánto tiempo más creen que van a poder mantener su discurso? Ya llevamos 11 años, ¿y cuando llevemos 15? ¿Y cuando ya sean 20? Sobre todo, ¿qué pasará el día en que los políticos decidan dejar de hacerles caso? Porque ese día llegará.

Recuerden, home taping is killing music, y también «el reproductor de vídeo doméstico es al productor de cine americano y al público americano lo que el estrangulador de Boston es a la mujer sola en casa«. ¿Cuántos políticos conocen ustedes que apoyen leyes para detener los desastrosos efectos de las casetes y los VHS?

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El precio de la represión

Posted by Krigan en 27 septiembre 2009

Discográficas y productoras de cine están usando por todo el mundo su influencia política tratando de conseguir que se aprueben las llamadas leyes de los 3 avisos, las cuales crearían un procedimiento legal extraordinario, de dudosa constitucionalidad, para reprimir el intercambio de canciones y películas en Internet, a base de desconectar a los internautas que supuestamente hayan sido pillados por tercera vez descargando obras protegidas del p2p.

Uno de los escollos que se están encontrando es que una parte nada despreciable de la clase política, junto con las telecos, les están exigiendo que hagan disponibles sus contenidos en Internet antes de iniciar esta nueva represión contra los internautas. A las telecos no les hace gracia que se hable de desconexiones porque ello las conduciría a una pérdida de ingresos, y a muchos políticos no les hace gracia el arremeter contra sus propios votantes, por la obvia posibilidad de que ello se traduzca en pérdida de votos.

Discográficas y productoras de cine argumentan que ya hay una amplia oferta de canciones y películas en Internet. ¿Seguro? En la tele puedo ver gratis con anuncios y grabar cada año literalmente miles de películas, pero para ver cualquiera de ellas en Internet he de pagar una cierta cantidad por cada una. Si cualquier película «antigua» (de más de 2 años) la puedo ver gratis en la tele, ¿por qué no puedo hacer lo mismo en Internet? Si cualquier serie de televisión la puedo disfrutar en la tele sin pagar, tan sólo viendo unos cuantos anuncios, ¿porqué no puedo hacer otro tanto en Internet? Difícilmente se puede hablar de que estén ofertando de forma realista sus productos en Internet si  resulta que he de pagar por algo (ver pelis y series) que fuera de Internet puedo hacer gratis.

Además del precio, otra cuestión sería el DRM. Las pelis y series que emiten en abierto por la tele van sin DRM, y por lo tanto se pueden grabar libremente. En Internet debería ser lo mismo, no se puede hablar de que hay una amplia oferta de algo en Internet a no ser que ese algo se esté ofreciendo en las mismas condiciones que fuera de Internet.

Con las canciones las cosas son ya un poco diferentes. Desde hace menos de un año es posible disfrutar gratuitamente de las canciones individuales (elegidas por el usuario) en streaming con anuncios a través de servicios como Spotify. Tales servicios están teniendo un gran éxito, y un gran número de internautas están cambiando el p2p por Spotify… sólo que el propio Spotify funciona internamente mediante un sistema p2p. ¿No se podía haber hecho esto mismo con Napster hace 10 años? Por supuesto que sí, pero las discográficas han necesitado 10 años de fracasos para aceptar la idea.

A pesar del éxito de la comercialización por Internet, las discográficas no están contentas. Nos dicen que sí, que las descargas de pago están subiendo como la espuma, lo mismo que el streaming gratuito de canciones, pero que la caída en picado de las ventas de CDs no se ve compensada por el gran aumento de los ingresos obtenidos en Internet. Sin embargo, pretender que los ingresos de Internet sean tan elevados como lo eran los ingresos de CDs en sus mejores tiempos no es nada razonable. El coste de fabricación y distribución de CDs es relativamente elevado, sobre todo la distribución, el coste de distribución de canciones por Internet es irrisorio. Pretender que los ingresos sean los mismos cuando la eliminación del soporte físico ha reducido tanto los costes no es sino un burdo intento de querer aumentar desmesuradamente el margen de beneficios.

Así pues, todas estas peticiones de nuevas leyes represivas por parte de las discográficas tan sólo esconden un deseo de aumentar los beneficios. No estamos hablando de sostener el negocio de la música en Internet, tal negocio va estupendamente, sino de que ellos quieren ganar todavía más dinero del que ya están ganando.

Desde luego, estamos acostumbrados a la contabilidad creativa de las discográficas. Recordemos que durante años nos estuvieron diciendo que cada descarga del p2p era una venta perdida, a pesar de que tal afirmación es algo abiertamente contrario a la ley de la oferta y la demanda. No es lo mismo que bajarte mil canciones te salga gratis a que te cueste mil euros. En el primer caso te las bajas si las quieres oír, en el segundo caso te lo piensas 2 veces antes que gastarte ese dinero.

Comparar los ingresos del mercado del CD con los de Internet, y hablar de pérdidas porque los ingresos de Internet son menores, no es sino otro ejercicio más de contabilidad creativa. En cualquier negocio lo que hay que mirar es el margen de beneficios, no el volumen de ingresos, y tan sólo se puede hablar de pérdidas si el margen de beneficios es negativo. ¿Por qué no nos dicen las discográficas cuál es su margen de beneficios? Este es un dato fundamental a la hora de evaluar si hemos de aprobar nuevas leyes para salvar su negocio, porque igual resulta que no es necesario salvar nada, igual resulta que el negocio ya les está yendo bien.

Por otro lado, ¿cuánto nos costaría la represión? No me refiero a los costes sociales y políticos, que también serían considerables, sino a los costes económicos. Tales costes se pueden calcular de forma rigurosa, a diferencia de los cálculos que hacen las discográficas. Desde luego el necesario aparato de represión para hacer valer una ley de los 3 avisos tiene un coste elevado, que las discográficas van a querer que sea pagado del dinero de nuestros impuestos, pero no es el único que hay. Si un internauta está pagando 40 euros al mes por su conexión a Internet, para ese internauta la conexión tiene al menos ese valor. Si para él no valiese tanto, no la contrataría. Y, desde luego, a la teleco tampoco le hace gracia la idea de dejar de ingresar ese dinero.

La anterior ministra de Cultura de Francia, que apoyaba una ley de los 3 avisos que fue declarada inconstitucional, señaló que se iba a desconectar a mil internautas por día, 365.000 desconexiones al año. Si asumimos, por la menor población, que en España serían unas 250.000 desconexiones al año, a 40 euros mensuales por conexión, eso equivaldría a 10 millones de euros por cada mes que los internautas permanezcan desconectados, 120 millones de euros al año si se les desconecta durante un año.

¿Van a pagarle las discográficas ese dinero perdido a las telecos? Lo lógico sería que el coste lo asumiera aquel que se va a beneficiar de ello, pero dudo mucho que las discográficas deseen hacerlo, sobre todo si tenemos en cuenta que las ventas de discos en España fueron de 225 millones de euros en el 2008, y que más de la mitad de este dinero se lo quedaron el distribuidor y la tienda. Es decir, el coste económico de las desconexiones podría ser incluso mayor que el valor del obsoleto mercado que se pretende proteger, y todo ello sin ninguna garantía de que los internautas vayan de repente a volver a comprar CDs, en lugar de grabarse las canciones de Spotify o de cualquier otro sitio.

Dado que la pérdida de ingresos para las telecos puede ser monstruosa, lo que proponen las discográficas es que el internauta desconectado siga pagando por la conexión, lo cual funciona muy bien en un mundo de fantasía, pero no tan bien en la realidad. Si a mí me desconectan, y la teleco me sigue incluyendo el precio de Internet en la factura, lo que hago es no pagarla, con lo cual la teleco no sólo se queda sin el dinero de Internet, sino también sin la cuota de línea, o cualquier otro concepto incluido en la factura. Para las llamadas ya usaré el móvil, y no me voy a morir por no poder ver Imagenio si lo tuviera contratado.

Desde luego, la teleco podría reclamar el pago de la factura en los tribunales (aunque en la práctica nunca lo hacen a no ser que sea una deuda elevada), pero entonces tendrían que andar demostrando con pruebas que verdaderamente fui desconectado legalmente. Es decir, tendrían que demostrar que yo fui el que se bajó esas canciones, y eso es indemostrable, tanto por el hecho de que hoy día todo el mundo tiene router wifi en casa, mal protegido en la gran mayoría de los casos, como por el hecho de que en un domicilio suele vivir más de una persona, el titular al que se le pretende cobrar tal vez ni siquiera conecte a Internet.

Las telecos lo saben, saben que en la práctica la motivación del cliente para pagar consiste en seguir teniendo el servicio, y por eso se oponen firmemente a cualquier propuesta que implique desconexión. En definitiva, todo esto de los 3 avisos consiste en ver si hundimos el negocio de las telecomunicaciones para tratar de salvar el insalvable negocio del CD. Entretanto, las descargas de pago y el streaming de canciones siguen yendo viento en popa, lo mismo que los conciertos.

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Las matemáticas del p2p

Posted by Krigan en 29 mayo 2009

La industria de contenidos pretende que el hecho de descargar una película o canción del p2p sea considerado legalmente lo mismo que emitir una canción por la radio, o una película por la tele. Desde luego, poner una película o una canción en una página web sí tiene esa misma consideración legal, y es apropiado que así sea, pero en el caso del p2p ¿estamos hablando de la misma cosa?

Cosas tales como emitir una obra cultural por radio o televisión, o ponerla en una página web, se caracterizan por ser una transmisión de la obra de uno a muchos. Lo cual tiene sus obvias repercusiones, tanto a nivel legal (cálculo de indemnización en caso de infracción de los derechos de autor) como en otros órdenes.

A primera vista podría parecer que el p2p es algo parecido. Cuando descargamos del p2p, nuestro ordenador está simultáneamente transmitiendo cachos que ya tenía de la obra a otros ordenadores de la red p2p que así lo soliciten. En consecuencia, cuando descargamos una película ¿nuestro ordenador está actuando como si fuera una mini-cadena de televisión? ¿Está actuando como un servidor web?

La respuesta es no. Es cierto que transmitimos a muchos ordenadores, pero es igualmente cierto que no les transmitimos copias completas de la obra, sino pequeñas porciones de la misma. Una cosa contrarresta la otra, siendo el resultado final, en promedio, como si le hubiéramos transmitido a un único ordenador una única copia de la película, y esto difícilmente se puede considerar que sea lo mismo que lo que hacen una cadena de radio o televisión, o una página web.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que alguien sube una película a una red p2p, y que mil personas se la descargan. Desde luego, hay mucho tráfico de cachos de película o paquetes (así se les llama técnicamente) subiendo y bajando de unos ordenadores a otros, pero en todos y cada uno de esos paquetes se cumple que el paquete que recibe un ordenador es el mismo paquete que ha enviado otro ordenador. Otra manera de expresarlo es que la cantidad de datos emitida es igual a la recibida. Por supuesto, no tenemos en cuenta los paquetes que no fueron transmitidos con éxito, los cuales han de ser reenviados.

Así pues, ¿cuántas copias de la película ha transmitido con éxito cada ordenador en promedio? El cálculo es sencillísimo de hacer. Una vez las descargas se han completado hay un total de mil copias que han sido transmitidas repartidas en infinidad de paquetes. En el intercambio de paquetes han participado 1.001 ordenadores (incluyendo el del que subió la película al p2p). Por tanto, las copias emitidas por ordenador en promedio son 1.000/1.001. Es decir, un promedio un poco inferior a uno.

Este promedio es matemáticamente inexorable. Algunos ordenadores habrán emitido más, y otros menos, pero el promedio es exactamente el ya señalado. Lo cual, por supuesto, destroza la idea de que el p2p sea algo similar a una cadena de televisión, o a un servidor web, donde el promedio de copias emitidas por servidor acostumbra a ser brutalmente superior a uno.

Nótese que este resultado es cierto no sólo para los que descargan, sino también para el que sube la película al p2p. Este último deberá subir al menos el equivalente a una copia completa para que la descarga funcione (es decir, deberá estar un poco por encima del promedio), pero no necesita subir más de eso. En cuanto al número de copias emitidas, él tampoco es como una cadena de televisión ni como un servidor web.

Las implicaciones legales son obvias. La SGAE y sus amigos sostienen que descargar la película del p2p (y no digamos ya poner la obra en el p2p) es legalmente lo mismo que emitirla por televisión. Incluso si la descarga p2p de películas fuera ilegal (cuestión en la que aquí no entraré), que un servidor web emita la película a miles o incluso millones de ordenadores no puede ser lo mismo que un particular emita un promedio de una única copia de la película. Como mínimo no es lo mismo a efectos de indemnización.

Sin duda mil copias han sido descargadas, pero cada uno ha descargado la suya. Sin duda mil copias han sido emitidas, pero cada uno ha emitido la suya. En caso de ser ilegal, si se atrapa a uno de esos internautas, la indemnización deberá corresponder a una única copia emitida, y ni eso quizás dado que no es posible demostrar que haya estado por encima del promedio, y el promedio ni siquiera llega a uno. Si la SGAE pretendiese más que eso, entonces estarían pretendiendo el cobrar las indemnizaciones por duplicado.

Desde luego, que un internauta que ha sido pillado descargando una película sea condenado a pagar unos 10 euros de indemnización no es muy atemorizador que digamos. En consecuencia, la SGAE podría aprobar una ley (todos sabemos que en España las leyes las aprueba la SGAE) según la cual la indemnización mínima a pagar fuera de 10.000 euros. De esta manera, castigando mil veces el hipotético daño causado (muy hipotético, dado que en la gran mayoría de casos el internauta no hubiera comprado la película), la SGAE estará feliz y contenta.

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