La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Posts Tagged ‘películas’

Blockbuster

Posted by Krigan en 18 septiembre 2010

Blockbuster, la mayor cadena de videoclubs del mundo, está a punto de ir a la bancarrota. La compañía, que Viacom compró hace 16 años por 8.400 millones de dólares, ahora vale sólo 18 millones en bolsa, y tiene que hacer frente a una deuda de mil millones, por lo que financieramente ya no es nada más que un saco de deudas. De hecho, ya el mes pasado no pudo hacer frente al pago de los intereses, que ascienden a 42 millones, más del doble del valor de toda la empresa. Si no está ya en suspensión de pagos es únicamente porque los acreedores decidieron prorrogar el pago hasta el próximo 30 de este mes, pero tampoco se espera que pueda pagar ese día.

Sin duda esto es culpa de la mal llamada piratería, ¿no? Si un videoclub cierra es culpa de la piratería, si  Rosario Flores se muere de hambre es culpa de la piratería… si un pájaro se caga en tu chaqueta, también eso es culpa de la piratería. Pero claro, si fuera cosa de la piratería, no se explica que los principales competidores de Blockbuster, Netflix y Redbox, sigan tan boyantes. ¿La malvada piratería no debería haberles hundido también a ellos?

Netflix se dedica al alquiler de DVDs por Internet. Les pagas una tarifa plana mensual, seleccionas un DVD en su web, y al día siguiente recibirás en tu casa el disco con un sobre franqueado en el cual, una vez hayas disfrutado de la película, lo meterás y lo devolverás echándolo a cualquier buzón. El precio de la suscripción da derecho a todos los alquileres que quieras hacer. Puedes tener el DVD en casa todo el tiempo que quieras, pero cuanto antes lo devuelvas antes te enviarán la siguiente peli que hayas seleccionado. Desde noviembre del 2008 ofrecen también películas en Bluray, y más recientemente han añadido también para parte de su catálogo la capacidad de ver inmediatamente la peli una vez alquilada, sin esperar a que esta llegue a casa, por streaming a través de Internet.

Obviamente, las grandes ventajas de Netflix frente a Blockbuster radican en el catálogo (un videoclub tiene que ser realmente grande para ofrecer tantos títulos como Netflix), en la comodidad (no hay que ir a un videoclub), y en la ubicuidad. A pesar de ser la más grande cadena de videoclubs de Estados Unidos, Blockbuster tiene “sólo” 3.500 locales, por lo cual gran parte de la población norteamericana (que suma 300 millones) no tiene un Blockbuster cerca de casa.

Redbox se dedica al alquiler de DVDs por máquina expendedora, como si sirviesen tabaco o refrescos. Las grandes ventajas de Redbox son el precio (sólo un dólar), y también la mucha mayor presencia frente a Blockbuster. Redbox tiene 22.000 máquinas repartidas por todo Estados Unidos, situadas en tiendas de todo tipo y otros locales ajenos.

Las 3 empresas hacen esencialmente lo mismo, alquilar DVDs, pero lo hacen de manera diferente. Una de ellas está virtualmente en quiebra, y a las otras 2 les va muy bien. ¿Será que a estas 2 les va bien por la piratería? Ah, no, que la piratería sólo puede causar cosas malas, nunca cosas buenas. Si les va bien, es obviamente por el modelo de negocio. Sin embargo, nos asalta una duda. Si a las 2 que les va bien es por el modelo de negocio, ¿no será que a la que le va mal también es por el modelo de negocio?

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¿Quieren una guerra que no pueden ganar?

Posted by Krigan en 13 diciembre 2009

En la película “Acorralado” el coronel le pregunta al sheriff que trata de capturar a Rambo “¿quiere una guerra que no puede ganar?”. El sheriff contesta “¿Cree que doscientos hombres contra su soldado es una guerra que no vamos a ganar?”, a lo cual el coronel le replica que adelante, que siga esa guerra, pero que no se olvide de tener una buena provisión de ataúdes.

Tal vez la industria de contenidos se debiera hacer la misma pregunta con respecto a los internautas que descargan sus obras sin pudor. Sí, ya sé, “Acorralado” es una obra de ficción, pero la Historia está llena de ejemplos de gente muy poderosa que fue a una guerra creyendo que la iban a ganar y la perdieron. Napoleón en España es un ejemplo entre muchos. En consecuencia, toda persona sensata, antes de iniciar un conflicto, debiera preguntarse “¿puedo ganar esta guerra?” y también “si la pierdo, ¿cuánto me va a costar?”

Desde el punto de vista de los internautas, no hay dilema. El internauta siempre tiene como opción el dejar de descargar, lo peor que le puede suceder es que tenga que grabar las canciones de Spotify y las películas de la tele si quiere tener copias permanentes de las mismas. El coste que afronta la industria de contenidos es mucho mayor. Por un lado la animadversión de sus propios clientes, por otro el seguir perdiendo ventas a lo tonto por negarse a la adaptación. Lo peor de todo, sin embargo, puede ser que los ciudadanos acaben percibiendo los derechos de autor como un peligro para la democracia y  el avance tecnológico, y acaben por preferir que no haya derechos de autor.

El internauta puede individualmente elegir no descargar si se ve en riesgo de ser castigado, pero no puede elegir qué es lo que van a hacer los demás. Que las descargas van a continuar es un hecho innegable, en Estados Unidos las discográficas se pasaron 5 años demandando a decenas de miles de internautas, con castigos que se medían en cientos de miles de dólares, y a pesar de ello el uso del p2p siguió aumentando. El fracaso fue tan evidente que las propias discográficas ya hace año y medio que han abandonado esa estrategia.

En consecuencia, el ciudadano no puede evitar que los demás descarguen, de la misma manera que la todopoderosa industria de contenidos tampoco puede evitarlo, ni siquiera con la más salvaje de las represiones, pero hay una cosa que los ciudadanos sí pueden hacer, y es votar. Si se les da a elegir entre perder la democracia y el desarrollo tecnológico, o abolir los derechos de autor, ¿qué cree usted que elegirán?

Naturalmente, la industria de contenidos insiste en que ambas opciones son compatibles, afirman que es posible mantener los derechos de autor tal y como están ahora, y al mismo tiempo mantener la democracia y el progreso tecnológico. Sin embargo, sus propios actos y sus propias peticiones al legislador desmienten tal afirmación. Su propuesta para mantener los derechos de autor consiste precisamente en eliminar todo aspecto de la democracia que les resulte inconveniente y toda innovación que perjudique su obsoleta manera de hacer negocio.

Desde luego, la cuestión no es si la democracia está en peligro, o si lo está el avance tecnológico. Está bastante claro, al menos para mí, qué es lo que el votante elegiría llegado el momento, y no olvidemos que no puede haber derechos de autor sin una ley que proclame tales derechos. De la misma manera que el internauta siempre puede dejar de descargar si se siente amenazado, el ciudadano también tiene siempre la opción de eliminar los derechos de autor.

Por ello yo le pregunto a la industria de contenidos, ¿de verdad quieren una guerra que no pueden ganar? Si es así, adelante, sigan con la guerra, pero no se olviden de tener una buena provisión de ataúdes para todos esos innumerables derechos de autor que serán enterrados tan pronto como los ciudadanos se sientan amenazados.

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Piratea, que es mejor

Posted by Krigan en 13 octubre 2009

Dicen las productoras de cine que no pueden competir con la mal llamada piratería, con el gratis total, a pesar del hecho obvio de que ellas mismas están dando gratis con anuncios sus películas de más de 2 años por la tele (¿acaso no pueden hacer eso mismo por Internet?). Lo dicen aunque la venta de entradas de cine esté aumentando. En el proceso de comercialización de una película hay 3  fases principales: exhibición en cines, venta y alquiler de DVDs, y emisión en televisión en abierto. Sólo la fase intermedia está fallando en la Era Internet, tan sólo la venta y alquiler de copias se ve amenazada por la descarga de copias del p2p.

Lo cierto es que muchos internautas, en muchas ocasiones, ni siquiera quieren conservar una copia permanente de la película, sólo quieren verla. Algunos la borran después de verla, otros la mantienen en el disco duro multimedia hasta que se quedan cortos de espacio y entonces borran las pelis que es menos probable que deseen ver otra vez, otros graban en DVD tan sólo aquellas pelis que más les han gustado… hay casi tantos comportamientos como personas. La regla general no es conservar la película, y menos cuando ya te has bajado un montón y ya no sabes qué hacer con tantas, ni dónde meterlas.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando alquilamos una peli en videoclub? ¿El precio es el único inconveniente? Pues no. De hecho, el euro que cuesta la peli en el día del espectador no es lo más importante. Hay que bajar al videoclub a alquilarla, rezar para que la peli que te interesa no la haya alquilado otro, y hacer cola para pagar y que te den la copia. Por si fuera poco, cuando vas a verla tienes que tragarte el anuncio anti-piratería (a pesar de que no la has pirateado) que la primera vez no importa pero las siguientes 500 veces ya acabas hasta los cojones del puto anuncio, tragarte otros varios anuncios que tampoco te puedes saltar, y devolver la peli a más tardar al día siguiente, lo cual implicar volver a bajar al videoclub.

En tiempo eso son 5 minutos de bajar al videoclub a alquilarla, 5 minutos de hacer cola, unos 3 minutos de anuncios, y otros 5 minutos de bajar a devolverla. Casi 20 minutos en total, y como tengas que arreglarte para salir a la calle todavía es más. Si cobras sueldo mileurista, estarás ganando aproximadamente 6 euros por hora de trabajo, y 20 minutos de tu tiempo equivalen a unos 2 euros. El tiempo que pierdes con ese medio de distribución obsoleto que llamamos videoclub equivale económicamente al doble que lo que te ha costado el alquiler.

Por el contrario, si te bajas las pelis del p2p, puedes estar teniendo siempre una reserva de pelis para ver, y bajar varias pelis al mismo tiempo cuando la reserva vaya menguando, todo ello sin moverte de casa y sin tener que tragarte molestos anuncios. Tal vez lo más paradójico del anuncio anti-piratería es que siempre le está recordando a los que NO piratean que hay mejores opciones para obtener la peli. Es como si en los anuncios de Mercedes siempre te recordasen lo muy baratos que son los coches de Daewoo, y te recomendasen comprar coches de Mercedes no porque estos te interesen, sino por el bien de los accionistas de esta empresa. Es como si te estuviesen diciendo “Piratea, que es mejor”.

Lo lógico sería que ofreciesen las pelis para descarga de pago, a precio similar al del videoclub. En realidad ya lo hacen, desde hace años, pero surge otro inconveniente: el DRM. Como tienen el empeño de que la peli sólo la puedas ver durante uno o dos días, le meten una protección que deshabilita la película pasado el tiempo establecido. ¿Problema? Que ese DRM es incompatible con todos los reproductores de vídeo que la gente tiene en casa, en la práctica sólo puedes ver la peli en el ordenador, lo cual no es muy cómodo que digamos.

En el sistema de contabilidad creativa que ellos manejan, una peli que sólo se pueda ver durante tiempo limitado tiene un precio de unos 2 euros, y una copia permanente de la peli “cuesta” unos 15 euros. Pero claro, a ver quién es el guapo que se va a gastar 15 euros en bajarse una peli que sólo quiere ver una vez, y que encima tampoco esa versión permanente es compatible con los reproductores de salón. El resultado final es que la gente no está “alquilando” (bajándose por unos 2 euros) las pelis, ni tampoco las está “comprando” (bajárselas por 15 euros). Lo que ellos conceptúan en su fértil imaginación como 2 euros o 15 euros acaban por ser cero euros en la realidad.

Acaban así atrapados en su mundo de fantasía, ganando en realidad cero euros por atenerse a las reglas de una economía irreal. Tienen miedo de perjudicar al mercado de la venta y alquiler de DVDs, pero ese mercado se está hundiendo igualmente por obsoleto. Y como la culpa de todo la tiene (según ellos) la mal llamada piratería, nada mejor que cabrear al que sí ha comprado el DVD con el enésimo visionado a la fuerza del “tú nunca descargarías un coche”. Sólo que yo sí lo haría, si se pudiera hacer.

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