La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

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El sustento del escritor

Posted by Krigan en 14 septiembre 2008

Las descargas p2p de canciones y películas han puesto en entredicho los antiguos modelos de negocio de discográficas y productoras de cine. Las editoriales se van a ver con el mismo problema muy pronto, por causa de los aparatos de tinta electrónica.

La tinta electrónica es una tecnología de pantalla muy adecuada para leer libros, por 2 razones: tan sólo consume electricidad con el cambio de página (lo cual permite leer más de 10 horas sin que se agote la batería) y, lo más importante, permite leer libros enteros de forma totalmente cómoda y sin que se canse nada la vista. Yo tengo uno de estos aparatos lectores de libros cuya pantalla es de tinta electrónica (han aparecido un buen número de modelos en los 2 últimos años), y puedo dar fe de que leer libros en él es tan agradable como leerlos sobre papel.

Tengo pocas dudas de que esta va a ser la forma de leer del futuro, las ventajas sobre el libro impreso son innegables: tienes en casa la mayor biblioteca del mundo (Internet), y los libros te salen gratis. La disponibilidad y el precio de los libros electrónicos son una combinación imbatible contra la cual no van a poder competir los libros impresos.

Ahora bien, ¿de qué van a vivir los escritores? Los músicos y compositores pueden vivir del dinero obtenido de los conciertos incluso si todo el mundo se baja las canciones del p2p, los cineastas pueden vivir de las entradas de cine y de la publicidad embebida en las películas, ¿y los escritores?

Afortunadamente, también para ellos hay una manera de ganar dinero en la era digital: incluir publicidad en el libro de la misma manera que se ha hecho siempre con los periódicos y revistas. La idea resulta extraña al principio, no estamos acostumbrados a ver publicidad en las páginas de un libro, pero sabemos que tal publicidad no resulta molesta al lector, por los muchos años que llevamos leyendo periódicos y revistas de esta manera.

La mayoría de los autores reciben un 5% del importe de venta del libro, o un 8% si son autores famosos, o un 15% si son muy famosos y superventas. Esto quiere decir que cuando un libro se vende en la librería a 20 euros la mayoría de los escritores reciben sólo un euro, una minoría recibe poco más de euro y medio, y otra minoría todavía más pequeña llega a recibir la «fastuosa» cantidad de 3 euros. Está claro que estos ingresos se pueden alcanzar también con publicidad. En un libro de 300 páginas, ¿acaso no es posible meter el equivalente a otras 100 páginas de publicidad? En un libro impreso eso engordaría mucho el libro, pero en uno electrónico el tamaño no es problema si los anuncios están diseñados con un mínimo de cordura.

¿Cuánto dinero se ganaría? Las empresas que ofrecen servicios de buzoneo están cobrando 600 euros por la impresión y reparto de 30.000 folletos, es decir, el equivalente a 2 céntimos por folleto, y eso que a menudo te meten 2 o incluso 3 folletos iguales en cada buzón. Como mínimo sería posible cobrar esos 2 céntimos por cada página de anuncio de un libro electrónico, posiblemente más si tenemos en cuenta que sería fácil personalizar la publicidad para cada lector. Eso hace un total de 2 euros por libro descargado, el doble de lo que están cobrando la mayoría de los escritores por cada libro vendido en librería.

Por supuesto, también son posibles otros modelos de negocio. A muchos lectores no les importará pagar una cantidad reducida (digamos que 2 euros) por descargar una versión sin publicidad del libro. Ahora bien, para que cualquier modelo de negocio bien pensado funcione es necesario ponerlo en práctica. Desgraciadamente las editoriales están cometiendo los mismos errores que en su día cometieron las discográficas y productoras de cine. Si echas a los clientes de tu tienda web a base de precios abusivos y DRMs todavía más abusivos, mal te irá el negocio si los clientes se van a una tienda llamada «p2p». La regla de oro de los negocios de la era digital consiste en conseguir que los clientes descarguen de ti. Si algunos están dispuestos a pagar por un valor añadido (el libro sin publicidad), tanto mejor, y si no puedes cobrarles porque nadie está dispuesto a pagar, por lo menos hazte con los ingresos por publicidad.

100 páginas de anuncios personalizados por cada lector no creo que sean un dinero para ser despreciado.

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