La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

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El fin de los derechos de autor

Posted by Krigan en 23 octubre 2010

La copia privada es incuestionablemente legal. Se suele hablar mucho de las descargas y las copias, pero la verdadera batalla jurídica está y siempre ha estado en la así llamada comunicación pública de la obra, si la subida de datos del p2p se puede considerar como tal. Al margen de lo que acaben decidiendo los jueces (alguno ya ha dicho que eso no es lo que la ley llama una comunicación pública), está también la patente injusticia de reprimirlo. Es decir, que la SGAE busca reprimir una supuesta comunicación pública cuya finalidad es permitirle a los particulares el realizar unas copias privadas a las cuales tienen perfecto derecho, y lo seguirán teniendo mientras la SGAE les siga cobrando el canon por ello.

Ha pasado mucho tiempo desde que una comunicación pública de la obra consistía únicamente en interpretar una obra de teatro o proyectar una peli en un cine (ofrecer la obra a los sentidos del público). Después vino la televisión, y ahí la obra era retransmitida, con lo cual se empezó a estirar el concepto de comunicación pública, el que en realidad daba acceso sensorial a la obra era el que en cada hogar pulsaba el botón de encendido del televisor, pero la cosa todavía no era grave, bastó con exceptuar las comunicaciones públicas hechas en un ámbito estrictamente doméstico. El concepto de acceso se trasladó de donde el espectador veía la peli a la cabecera de emisión.

Más tarde se inventó el VHS, y los usuarios pudieron hacer copia de esa peli retransmitida, o bien copiar una peli previamente grabada por algún amigo. Se optó por permitirlo y canonizarlo, sobre todo porque no había manera de impedirlo. Y después llegó Internet, donde todo el mundo podía actuar como el equivalente funcional de una cadena de televisión.

La cosa no cambia si en lugar de “comunicación pública” hablamos de “distribución”, hubo un tiempo en que había una verdadera distribución de ejemplares de la obra, un libro vendido era un libro menos que tenía la librería, un VHS alquilado era un VHS que el videoclub dejaba de tener temporalmente. En una web o en el p2p no hay distribución en el sentido clásico del término, lo que hay es acceso a la obra y cada ordenador de cada usuario se hace su propia copia. Por tanto, da lo mismo si lo llamamos “comunicación pública” como hacemos en Europa, o “distribución” como lo llaman en Estados Unidos, en realidad estamos hablando de dar acceso a una copia de la obra, a partir de la cual el usuario se hace su propia copia.

Dado que copiar es legal, dado que en realidad estamos hablando de dar acceso a una copia preexistente, cabe preguntarse cómo va a conseguir la industria de contenidos que nadie dé acceso a nadie. Si le dejo mi móvil mp3 a alguien, ¿acaso no le estoy dando acceso a las canciones en él contenidas? Si comparto un directorio de mi ordenador, ¿acaso no estoy haciendo lo mismo?

Los 3 derechos clásicos de autor son el de reproducción (copia), el de distribución (de ejemplares tangibles), y el de comunicación pública (que ha acabado convertido en un dar acceso). En un mundo en el que todos pueden copiar legalmente, en el que ya no hay distribución, en el que dar acceso es algo trivial, la concepción tradicional de los derechos de autor ha perdido por completo su sentido. La única opción es sustituirlos por otra cosa, la tecnología ha acabado causando el fin de los actuales derechos de autor.

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Réquiem por un monopolio

Posted by Krigan en 10 noviembre 2009

No dejan de ser curiosos ciertos conceptos sobre el bien y el mal, y sobre la supuesta propiedad (intelectual) del autor. La primera ley de derechos de autor todavía no ha cumplido 3 siglos desde que entró en vigor, y tales leyes no empezaron a existir en todos los países del mundo al mismo tiempo, pero algunos nos aseguran que está mal copiar y descargar, y que estamos violando la propiedad del autor.

Si de verdad es un acto malvado el copiar la obra de alguien sin su permiso, o el interpretarla ante un público, entonces toda la Humanidad fue malvada antes de 1710, y en ese año y los siguientes todo el mundo siguió siendo malvado salvo los ingleses.

Y si verdaderamente el derecho de autor es una propiedad, entonces nadie en toda la Humanidad reconoció tal propiedad antes de 1710, y sólo los ingleses la reconocieron tal año. Aunque, curiosamente, sin llamarla propiedad. Se limitaron a llamarla “derecho de copia”. Más aún, era tan poco evidente que tal cosa fuera una propiedad que ni los ingleses ni nadie más en todo el mundo la empezaron a llamar así hasta siglo y medio más tarde.

Lo peor de todo es que la Humanidad sigue siendo malvada, toda la Humanidad, dado que seguimos publicando y comprando los libros de Homero sin permiso de este. Por si esto fuera poco, vemos sin pudor La Sirenita a pesar de no tener permiso de Hans Christian Andersen. Incluso los ingleses lo hacen.

Una vez desmontada la propaganda falaz, propaganda sostenida únicamente por la fuerza del dinero, pero no por la fuerza de la razón, podemos empezar a hablar en serio de problemas reales que requieren soluciones reales. Es un problema real que el autor debe tener un medio de ganarse la vida, que a fin de cuentas para eso es para lo que se inventaron los derechos de autor.

Lo que ha habido hasta ahora es el monopolio del autor sobre su obra, en esto ha consistido siempre el derecho de autor. ¿Es esta una buena solución? Los monopolios son siempre malos para todo el mundo menos para el monopolista, pero el problema de si la sociedad ha de soportar los males del monopolio por el bien del autor es ya un problema obsoleto. Ya no hay monopolio, está definitivamente roto. Si el monopolio siguiera existiendo, ni siquiera estaría escribiendo este texto, ni ustedes lo estarían leyendo. Si estamos aquí, hablando de a ver qué hacemos con los derechos de autor, es precisamente porque el monopolio ya no existe.

¿Alguien tiene alguna idea para restaurar el monopolio? Que la proponga, y los demás podremos estudiarla y opinar si es buena idea. De momento, la única propuesta que hay consiste en desconectar a los internautas sin juicio previo, a instancia de parte, sin pruebas, y sin respetar la presunción de inocencia. Sin embargo, esta no sólo es una solución inútil, es también inaceptable. Somos muchos los ciudadanos que no estamos dispuestos a cargarnos algunos de los más básicos principios del sistema legal tan sólo por intentar en vano restaurar algo que es malo para toda la sociedad, en beneficio de una pequeña minoría.

¿Entonces? ¿Cómo le damos a los autores un medio de sustento? Desde luego, no va a ser mediante un monopolio sobre la obra. Si hay algo que está claro es que el cadáver no va a resucitar. Por ello es necesario un cambio radical de mentalidad en nuestros legisladores. La solución a un monopolio roto no es más monopolio roto, la única solución posible consiste en basar el derecho de autor en algo distinto. Puede ser un privilegio comercial como que los derechos de autor sólo se apliquen cuando hay ánimo de lucro, o puede ser otra cosa, pero lo que no puede seguir siendo es lo que ha sido hasta ahora, un monopolio sobre la obra, porque tal monopolio es ya imposible.

Nos dicen que el negocio se hunde, pero tan sólo se está hundiendo lo que se tiene que hundir. La asistencia a los conciertos está subiendo, la asistencia a los cines también. Spotify está siendo un gran éxito, lo mismo que otros negocios que ofrecen contenidos en Internet. iTunes incluso vende copias, oiga usted, y le va muy bien. El negocio no muere, tan sólo se transforma. Lo único que ha muerto es el monopolio, y cuanto antes celebremos el funeral y pasemos a otra cosa, tanto mejor.

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Voluntarios a la fuerza

Posted by Krigan en 16 julio 2009

La SGAE y las discográficas siempre proclaman a los 4 vientos lo sagrada que es la voluntad del autor sobre su obra, que hacer algo con la obra, lo que sea, sin contar con la autorización del autor, es lo mismo que robar. El punto central de su mensaje es este: respetemos la voluntad del autor.

Por ello sorprende un poco cuando nos enteramos de lo que pasa entre bastidores. Si vas a dar un concierto, la SGAE se empeña en cobrar siempre su parte, aunque la música sea tuya, y como en la mayoría de los locales el dueño no quiere problemas con la SGAE, o le pagas a esta lo que pide, o te quedas sin poder dar el concierto. Los de la SGAE dicen que es una comisión por “gastos de gestión” (una nadería, es “sólo” un 10% de la recaudación), pero lo cierto es que el músico nunca les pidió hacer tal “gestión”, y da lo mismo que proteste, le va a tocar pagarlo. Respetemos la voluntad del autor.

Si quieres sacar un disco por tu cuenta, lo mismo. El impresor de discos se negará a fabricarte la tirada a no ser que le pagues a la SGAE lo que esta te pida, aunque la música sea tuya. El impresor no quiere problemas, y la SGAE presiona siempre fuerte. Tales comisiones de la SGAE no vienen en ninguna ley, esta simplemente cobra lo que le da la real gana. Respetemos la voluntad del autor.

Además, si yo quiero dar un concierto con la música de otro, para ganar yo dinero, resulta que lo puedo hacer sin más que pagarle a la SGAE sus tasas, y nadie me dirá ni mu, aunque esté usando la música del otro sin su permiso. Respetemos la voluntad del autor.

Es más, incluso puedo estar sacando mi propia versión, y dará lo mismo que el otro piense que he destrozado su canción, se tendrá que aguantar porque tengo permiso de la SGAE. Lo mejor de todo (lo más hipócrita en todo este triste asunto) es que no es necesario que el otro sea socio de la SGAE, esta “gestiona” (cobra por) su música aunque él no quiera y aunque nunca haya firmado nada con la SGAE. Respetemos la voluntad del autor.

Por supuesto, un chollazo así yo también quiero tenerlo. ¿Puedo montar mi propia entidad gestora de derechos de autor? No, se necesita un permiso especial dado por ley. Lo pueden hacer las actuales entidades, pero nadie más se puede meter en ese negociete. Tampoco los propios autores, no se les permite crear sus propias entidades de gestión. Respetemos la voluntad del autor.

Ahora bien, no pasa nada, se está respetando la voluntad del autor. Dado que es una sociedad de autores, estos están gestionando sus propios derechos aunque sea colectivamente, ¿no? Pues no, tampoco es eso. Es una sociedad de autores y editores, la E significa “editores” (antiguamente sí era sólo de autores, la E significaba “España”). Como los votos en la SGAE van por ventas, las grandes discográficas son las que controlan esta sociedad “de autores”.

El voto de un autor sólo cuenta por lo que su música ha vendido, el voto de las discográficas cuenta por las ventas de toda la música de todos los autores que han vendido. Como hay 4 discográficas que tan sólo ellas hacen más del 70% de las ventas, los votos de estas cuatro valen casi tanto como los de todos los autores y sus herederos juntos. En otras palabras, se supone que los autores expresan su voluntad colectivamente, la expresan a través de un organismo en el cual ellos no mandan.

Para ceder los derechos sobre su obra el autor lo puede hacer individualmente, y a menudo lo hace, recibiendo una miseria por ello, o incluso nada en absoluto. Y si no lo hace, tampoco hay mucha diferencia, que la SGAE ya está ahí para gestionar la obra del autor aunque este no quiera. En otras palabras, o cedes o te ceden, voluntario a la fuerza. Respetemos la voluntad del autor.

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