La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Posts Tagged ‘copia privada’

El largo viaje a ninguna parte

Posted by Krigan en 22 enero 2011

Mientras algunos tratan desesperadamente de resucitar la ley Sinde, cabe preguntarse a dónde quiere ir la industria de contenidos. Supongamos que se aprueba tal ley, lo cual es mucho suponer si tenemos en cuenta que hace sólo un mes que nuestro parlamento la rechazó. Pero vamos a suponerlo.

Las webs de enlaces que están en España migrarían al extranjero, y las que están en el extranjero se saltarían el bloqueo sin más que andar cambiando continuamente de IP o de nombre de dominio, según el tipo de bloqueo que se haga con ellas. La nueva IP (o nombre de dominio) se podría difundir incluso por Twitter. ¿Empezamos a cancelar cuentas de Twitter? ¿Empezamos a eliminar listas de correo? Pero sigamos suponiendo. Supongamos ahora, contra toda lógica, que tanto cambio frecuente de IP y de nombre  de dominio hace que estas webs pierdan muchos usuarios y que dejen de existir.

Naturalmente, esto no iba a impedir que se siga usando el p2p. El emule y otros programas p2p incorporan su propio sistema de búsqueda, usar las webs de enlaces es una conveniencia, no una necesidad,  y una conveniencia muy relativa, además. Cuando yo usaba el amule (versión para Linux del emule) en realidad nunca usaba estas webs, hay muchísimos usuarios del p2p que nunca las han usado.

Hagamos ahora la mayor suposición de todas, que mediante otra nueva ley consiguen cargarse el p2p. Es sin duda una suposición muy temeraria, llevan ya 11 años tratando de cargarse el p2p de todas las maneras posibles, legales e ilegales, y siempre el fracaso ha sido su único logro. Las propias discográficas están ya diciendo que la ley francesa Hadopi no está funcionando, que es exactamente lo que muchos dijimos desde el principio que iba a suceder. Sin embargo, supongamos que esta vez lo consiguen, que algún experto informático como Alejandro Sanz inventa la manera de cargarse el p2p.

En realidad no cambiaría gran cosa, seguiríamos teniendo el f2f (p2p entre amigos) a nuestra disposición. Pero vayamos más allá, supongamos que cierran Internet. ¿De verdad creen que conseguirían algo? Puedo comprarme un disco duro externo de un tera (mil gigas) por 70 euros, ir a casa de un amigo, copiar a su ordenador 100.000 canciones, copiar de su ordenador las otras 100.000 que tenía él, y volver el mes siguiente a por más. El verdadero problema acaba por ser qué hacer con tanta canción, ¿las escucho al menos una vez?

Claro está que esto es tan sólo especular. Nadie va a cerrar Internet, ni tampoco nadie va a cargarse el p2p, 11 años de represión han demostrado sobradamente que esto es imposible. Lo que está en juego no es Internet, ni tan siquiera el p2p, sino la integración de la mal llamada piratería con la Web. Buscas “La cría del melocotón africano” en Google, y te sale una web que lo tiene, o que lo enlaza, el enlace lo mismo puede ser un elink del emule que un enlace a Megaupload o Megavideo.

El programa p2p (o el gestor de descargas directas) lo mismo puede ser un plugin del navegador que un programa aparte que el navegador abra al pulsar sobre el enlace. Ahora suele ser un programa aparte, en el futuro será un plugin. Ahora suele ser descarga, en el futuro será streaming. Así, mientras la industria de contenidos prosigue su largo viaje a ninguna parte, nosotros seguimos avanzando hacia el futuro.

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Copiar o robar

Posted by Krigan en 16 abril 2010

Nos asegura la industria de contenidos que copiar la obra sin permiso del autor es lo mismo que robar. Nos lo aseguran mil y una veces, como si repetir una mentira hasta la saciedad la convirtiese en realidad. Sin embargo, para que 2 cosas sean lo mismo, es necesario que no haya ninguna diferencia entre ellas. ¿Hay alguna entre copiar y robar?

Son muchas las diferencias, pero sólo voy a mencionar 3. La primera es que el robo siempre causa una disminución en el patrimonio de la víctima. Si le robo un tomate a un agricultor, este tendrá un tomate menos. Por el contrario, si copio una canción su autor se queda como estaba. Multipliquemos eso por muchos millones. Si millones de personas le roban cada una un tomate a un agricultor, el patrimonio de este se verá seriamente reducido. Si millones de personas copian una canción, el autor de la misma no verá reducido ni un céntimo su patrimonio.

Otra diferencia es que el patrimonio del ladrón se verá incrementado. Un ladrón que robe un millón de tomates habrá incrementado notablemente su riqueza. Contando a 5 tomates por kilo, eso son 200 toneladas de tomates. Por el contrario, un internauta que se baje un millón de canciones no verá incrementado ni un céntimo su fortuna, no será más rico que antes. Incluso se habrá empobrecido un poco, habrá gastado algo de electricidad en el proceso.

Las discográficas nos dicen que esas canciones tienen un precio, el que ellos le han puesto, casi un dólar cada una en iTunes. Pretenden que descargarlas es un incremento patrimonial, pero eso es absurdo. Si un internauta se baja un millón de canciones del p2p, ¿hemos de creernos que ha incrementado su fortuna en un millón de dólares? Si es así yo me apunto, me pasaré todo el día bajando canciones y así ya no tendré que ir a trabajar.

Tal vez la diferencia más importante sea la tercera. Un juego de suma cero es aquel en el cual lo que uno gana el otro lo pierde, mientras que un juego de suma no cero es aquel en el que la ganancia de uno no implica pérdida para los otros. Resulta que el robar es un juego de suma cero, si el ladrón consigue su propósito la víctima perderá lo robado, mientras que si la víctima consigue abortar el robo, será el ladrón el que se quedará sin el botín.

Por el contrario, el copiar es un juego de suma no cero. Puedo bajarme toda la discografía de un artista, y este no perderá ni un céntimo. Incluso si pensamos en hipotéticos ingresos futuros, el hecho de que me baje toda su discografía no significa necesariamente que le hubiera comprado ni un disco de no habérmela bajado. Puede ocurrir incluso que, gracias a haberme bajado su música, me aficione a ella y vaya posteriormente a uno de sus conciertos. Yo obtengo el placer de disfrutar de la música, y el artista puede acabar ganando incluso más dinero del que hubiera ganado si no me hubiera bajado sus canciones.

Así pues el robar es un juego de suma cero, mientras que el copiar es un juego de suma no cero. Lo cual tiene su importancia, dado que las estrategias a seguir en ambos tipos de juegos son diferentes. En los juegos de suma cero no es posible cooperar con el oponente, lo que él gane tú lo vas a perder, si colaboras con el ladrón que quiere robarte te estarás perjudicando a ti mismo.

Por el contrario, en los juegos de suma no cero sí es posible colaborar con el otro jugador, la cooperación es beneficiosa para ambos en muchos casos. Artistas poniendo sus canciones en MySpace, o incluso en Bittorrent, son un claro ejemplo de ello. Tales artistas esperan que una mayor difusión de su música incremente su fama, y que gracias a ello acaben ganando más dinero.

A fuerza de repetir que copiar es robar, las discográficas han acabado adoptando una estrategia de juego de suma cero, como si todo lo que los internautas ganen en disponibilidad y disfrute de la música fuese una pérdida para ellas. Últimamente refinan un poco más su falacia diciendo que una parte de las descargas (antes decían que todas) se traducen en ventas perdidas. Entretanto, los ingresos de iTunes y de los conciertos siguen aumentando.

Con los ingresos globales de la industria musical, incluidos conciertos, pueden pasar muchas cosas (de momento están aumentando), y de ellos se pueden hacer muchas valoraciones, pero aquí lo único cierto e incuestionable es que los robos de los que nos habla la industria de contenidos son bien curiosos: no disminuyen el patrimonio de la víctima, no aumentan el patrimonio del ladrón, y no son un juego de suma cero. A juzgar por su mentalidad, casi parecería que los ladrones son ellos. Pero si es así, ¿a quién están robando?

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¿Descargas gratuitas? Eso no existe

Posted by Krigan en 20 abril 2009

Toda esta cuestión de los derechos de autor consiste simplemente en ver si se retribuye la realización de ciertas obras, y cómo se retribuye. No hay más. A la industria de contenidos le gusta hablar de “propiedad intelectual”, de que las obras culturales tienen propietario, y de que no se puede hacer nada con la obra sin permiso del autor. Esto nunca ha sido así, siempre ha habido numerosos actos que se pueden llevar a cabo con la obra sin permiso del autor.

Si han expirado los derechos, podemos hacer lo que queramos con la obra. Asimismo, las bibliotecas siempre han tenido el derecho legal de ofrecer públicamente los libros para su lectura, e incluso prestarlos para que la gente los lea en casa. De la misma manera, los particulares siempre hemos podido prestar e incluso revender cualquier libro, disco de música o copia de película que hayamos adquirido previamente.

Más aún, los derechos de autor nunca han cubierto el acto de leer el libro, ver la peli u oír la canción, lo cual marca una muy notable diferencia con el derecho de propiedad. No podemos conducir un coche que no es nuestro, pero siempre ha sido legal ver una peli que no es nuestra.

Los derechos de autor tienen que ver con cosas tales como copiar la obra o exhibirla ante un público. No podemos proyectar la peli en un cine sin permiso del autor, ni emitirla por televisión, pero sí podemos ver la peli y disfrutar de ella, sin necesidad de ningún permiso.

También ha sido siempre legal copiar la obra en ciertos casos. Estos casos varían de un país a otro (aquí la copia privada, en Estados Unidos el fair use), pero en todos los países del mundo es legal grabar una peli de la tele o una canción de la radio. Incluso para los programas de ordenador existe el derecho a las copias de seguridad. Igualmente legal ha sido siempre exhibir la obra en ciertos casos. En mi casa puedo invitar a quien quiera a ver una peli o a escuchar música. Todas estas actividades y algunas más se pueden hacer sin permiso del autor.

De hecho, son precisamente estas actividades, hechas legalmente sin permiso del autor, las que constituyen hoy día la norma, no la excepción, gracias al avance tecnológico de las últimas décadas. Hoy día, la mayor parte de las copias que se hacen de películas y canciones (y pronto pasará lo mismo con los libros conforme se vayan extendiendo los lectores de tinta electrónica) son copias hechas para uso privado del copista, copias privadas perfectamente legales. Y la mayor parte de las exhibiciones de películas que se hacen actualmente ya no son proyecciones en salas de cine ni emisiones por televisión, sino que consisten en un particular poniendo una peli (a menudo una copia privada) en su reproductor de vídeo doméstico para verla con su familia y con sus amigos.

Una vez que nos olvidamos de las veleidades “propietarias-intelectuales” de la industria, ya tenemos centrada la cuestión: todo consiste en mirar si se retribuye a los autores, y cómo se les retribuye. Ahora bien, ¿quiénes son los autores? Hoy día tienen derechos de autor un enorme montón de personas que no son autores: actores, cantantes, traductores y, sobre todo, herederos de los anteriores y accionistas de empresas de contenidos.

Empecemos a quitar la morralla. A un actor, cantante, o cualquier otra clase de intérprete se le paga por su trabajo. Ni es autor ni necesita tener derechos de autor. Estos no se inventaron para que a los cantantes se les pagara por cantar ni a los actores por actuar (ya se les pagaba), sino para que a un escritor se le pagara por escribir, y a un compositor por componer.

Otro tanto cabe decir de los traductores. Si un editor quiere sacar una traducción al castellano, aunque los traductores no tuvieran derechos de autor, no le iba a quedar otra que pagar al traductor por su trabajo, lo mismo que al fontanero, y la obra ya está protegida de todas formas (por el derecho del escritor), así que carece de sentido darle derechos de autor a quien no lo es.

En cuanto a los herederos, ¿por qué alimentar parásitos? Recuérdese que estamos hablando de retribuir a los autores, no a los hijos, nietos, y bisnietos de los autores. También están los accionistas. Que se puedan transferir los derechos de autor en exclusiva ha demostrado ser una mala idea, se ha creado una casta de empresas que pretenden ejercer un control despótico sobre el patrimonio cultural de la Humanidad. Si un escritor quiere recibir un euro por libro vendido, ¿es necesario que lo reciba de un único editor? El editor dirá que sí, e impondrá su voluntad al escritor, por el simple hecho de ser más poderoso, pero se supone que vivimos en un sistema de libre mercado, y que las empresas (editoriales incluidas) están para competir entre sí, no para enriquecerse a base de monopolios sobre las obras.

Una vez eliminada la morralla, tenemos a los autores: directores de cine y guionistas, escritores, compositores, etc. Es justo darles una vía de ingresos por su trabajo pero, ¿el sistema actual es justo? No. Para beneficio de ciertas empresas, que son las verdaderas propietarias de los derechos, tales derechos de autor han sido extendidos con el tiempo mucho más allá de lo razonable.

La duración, por ejemplo. Para la gran mayoría de las obras la gran mayoría de los ingresos se obtienen en los muy primeros años desde la primera publicación. Es absurdo que los derechos de autor duren durante toda la vida de este y otros 70 años después de su muerte, cuando resulta que los autores obtendrían prácticamente los mismos ingresos que ahora con una duración de sólo 5 años desde la primera publicación. ¿Por qué la sociedad ha de sufrir una carga que va mucho más allá de lo necesario para retribuir a los autores?

También están los derechos sobre obras derivadas. Lo siento, pero no soy capaz de comprender porqué J. K. Rowling ha de recibir ni un penique de las pelis de Harry Potter. Ella no ha hecho esas pelis. Que se la pague por sus libros me parece correcto, que se la pague por unas pelis que no ha hecho ya no me lo parece tanto. ¿Qué queremos tener? ¿Cultura o franquicias?

Y, por supuesto, está el canon. También es una manera de retribuir a los autores, y estos recibirían más dinero si eliminásemos a la morralla ya mencionada, que se llevan una buena porción del mismo. Personalmente yo soy contrario al canon, me parece que hay otras maneras mucho mejores de retribuir a los autores, pero a día de hoy sigue existiendo, tanto en España como en otros muchos países. En estos países no existen las descargas gratuitas de pelis, canciones, o libros, ya se cobra canon por esas copias privadas. Es importante, así que repitan conmigo: yo no me he bajado nunca gratis una película ni canción, ya he pagado por ellas.

Asistimos a una creciente criminalización de las descargas, incluso pretendiendo vulnerar derechos constitucionales como la presunción de inocencia, en beneficio de unos pocos, en perjuicio de una gran mayoría, en defensa de un sistema obsoleto del cual los autores a menudo no reciben ni un céntimo, y en otros muchos casos reciben sólo una miseria. ¿Cuál es la excusa? Que no pagamos a los autores. Solo que no es cierto. Cuando quiten el canon, si es que alguna vez lo quitan, podrán decir que hay casos en los que no pagamos a los autores. A día de hoy, salvo en el caso del soft, las descargas gratuitas no existen en España.

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