La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

La utopía ya llegó

Posted by Krigan en 8 marzo 2011

No es nada más que una utopía. Todo eso de los autores auto-publicando sus libros en Internet, sin ninguna editorial, llevándose la mayor parte del dinero de la venta de un libro en lugar de un mísero 5-10%, y encima vendiendo sus libros a bajo precio, no es sino el sueño inalcanzable de unos cuantos frikis, gente que se atreve a postular cómo va a ser el negocio en Internet, sin tener en cuenta la opinión de curtidos editores que llevan décadas en el negocio del libro.

Pues bien, la utopía ya llegó. Una tal Amanda Hocking, una desconocida que no consiguió que ninguna editorial publicara sus libros, se decidió a auto-publicarlos en Internet en abril del año pasado. Cuando no ha pasado ni un año ya ha vendido casi un millón de ejemplares, el 99% en formato electrónico, el resto en impresión bajo demanda, sin más promoción que la que ella misma se hizo en las redes sociales.

Los 3 libros de una de sus trilogías (la de Trylle)  se encuentran entre los 20 más vendidos de la Kindle Store, otros libros suyos también son éxito de ventas (los 4 de la tetralogía My Blood Approves están entre los 100 más vendidos), superando a toda clase de autores de best-sellers. Su libro más vendido (Switched) es actualmente el sexto más vendido de Amazon, superando incluso a Stieg Larsson.

El primer libro de cada una de sus series fantásticas Amanda lo vende a 99 centavos de dólar, para promocionar la serie, y se lleva “sólo” el 35% del precio de venta. El resto los vende a 2,99 dólares (unos 2 euros y medio), llevándose un 70%. Un simple cálculo matemático nos indica que sus ganancias en menos de un año han sido entre 300.000 y 1.800.000 dólares.

Amanda Hocking no ha sido la única en tener éxito sin editorial, y ni siquiera ha sido la primera. La historia de Karen McQuestion es similar a la de Amanda. También sus libros fueron rechazados por las editoriales, tambien ella los auto-publicó, también  ella puso precio bajo a sus libros (uno o dos dólares), y también ella tuvo éxito. Su única promoción fue la que ella misma se hizo en Internet.

La historia de H. P. Mallory es otro clon de las de Amanda Hocking y Karen McQuestion, mientras que otras historias son algo diferentes. Por ejemplo, Aaron Patterson empezó poniendo un precio de 14,99 dólares a su primer libro, y durante medio año no vendió casi nada (12 copias al mes). Bajó el precio a 4,99 dólares y las ventas se multiplicaron por cuatro, lo volvió a bajar a 99 centavos, únicamente para ganar lectores, y en 9 meses ya vendía 1.200 al mes. Cuando volvió a subir el precio a 2,99 (para recibir un 70% en lugar de un 35%), las ventas siguieron subiendo, el pasado diciembre vendió 3.200 ejemplares.

No voy a describir la historia de todos los autores que ya han tenido éxito auto-publicando sus libros, porque son decenas, pero este artículo no estaría completo si no mencionase a J. A. Konrath, el escritor y bloguero que es el principal cronista de esta revolución, publicando sus experiencias y las de otros escritores en su blog.

Empezó publicando sus libros en papel y a través de editorial, al más puro estilo tradicional, y su éxito fue bastante limitado. Ahora  publica sin editorial, en formato electrónico, y su éxito es mucho mayor. Al principio sólo recomendaba auto-publicar a escritores que ya hubieran conseguido un nombre publicando a la manera tradicional, ahora le recomienda auto-publicar en Internet a todos los escritores, incluidos los que están empezando.

Recientemente Konrath hizo un experimento sobre precios con uno de sus libros (The List), que llevaba ya 2 años a la venta en la Kindle Store. El 15 de febrero le bajó el precio de 2,99 dólares a 99 centavos. Antes de la bajada de precio este libro estaba en el puesto 1.078 de los más vendidos de la Kindle Store, ahora está el 35. Antes vendía 43 ejemplares al día, 12 días después ya vendía 533 al día y subiendo.

Para terminar, ¿quién está el primero en la lista de libros más vendidos de la Kindle Store? ¿Es tal vez un escritor que ha firmado con una editorial? No, el primer libro de la lista es Saving Rachel, de John Locke. El cuarto es Wish List, del mismo autor. Ambos cuestan 99 centavos. Parece que Locke, que ni siquiera se molestó en buscar editorial (lo considera una pérdida de tiempo), tiene las ideas muy claras respecto al precio más conveniente para los libros electrónicos: las ediciones Kindle de todos sus libros cuestan 99 centavos. Y le va muy bien, desde el día 1 de enero hasta hoy día 8 de marzo ha vendido 350.000 ejemplares tan sólo en la Kindle Store, lo cual supone algo más de 100.000 dólares ganados en poco más de 2 meses.

Así pues, lo que se nos decía que era imposible ya ha sucedido. Los escritores no necesitan a las editoriales para tener éxito. Los lectores tampoco las necesitan para que actúen de filtro. Los escritores tampoco necesitan a los editores para que les “guíen” acerca de cómo escribir sus libros. ¿Y cuál es el precio más adecuado? Bajo, muy bajo, se gana más dinero vendiendo mucho y muy barato que vendiendo poco y caro. Para autores y lectores es un paraíso, la utopía ya llegó.

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Posibles escenarios tras la ley Sinde

Posted by Krigan en 16 febrero 2011

Ayer se aprobó definitivamente la ley Sinde en el Congreso, con los votos a favor del PP, PSOE, y CiU. Sin embargo, el panorama legal que se le presenta a la ministra es como poco complicado, empezando por la obvia posibilidad de que la ley que lleva su nombre acabe siendo declarada inconstitucional. A la espera de que el Tribunal Constitucional se pronuncie, lo cual llevará su tiempo, hay también otras complicaciones legales que merece la pena tratar.

En principio, a la hora de autorizar el cierre de una web, la ley Sinde sólo le permite al juez el considerar si se ven afectados los derechos contenidos en el artículo 20 de la Constitución. Lo de valorar si la web es legal o ilegal queda para la Comisión de una ministra que es parte interesada en el asunto. Sin embargo, el art. 20 versa precisamente sobre la libertad de expresión e información, con lo cual nos encontramos con la paradoja de que la ministra pretende (o eso suponemos) que el juez declare que no se ve afectado el derecho a comunicar y recibir libremente información (art. 20.1) cuando la finalidad de una web de enlaces es precisamente la de informar a sus usuarios sobre cuáles son los mejores enlaces para la descarga.

Por si fuera poco, en ese mismo art. 20 nos encontramos en su punto 5 conque “Solo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.” ¿Existen webs en Internet que se pueda considerar legalmente que no son publicaciones? ¿Hay alguna web de enlaces que entre en esta misteriosa categoría de no ser una publicación?

Sinceramente, no tengo ni idea de cómo van a reaccionar los jueces ante esto. A mi modo de ver, los jueces deberían negar por sistema la autorización porque siempre se van a ver afectados tanto el derecho a la libertad de información, como el derecho a que un secuestro de publicación sea por resolución judicial, y no administrativa. Lo cual, por supuesto, pone en entredicho la constitucionalidad de esta ley, pero eso se lo dejamos al Tribunal Constitucional. Mientras tanto, el juez tendrá que decidir si paraliza el procedimiento mediante consulta al Constitucional, si niega por sistema la autorización, o si se pone a deshojar la margarita en cada caso, recurriendo a extrañas doctrinas para decidir si una web de enlaces da o no información a sus usuarios, y si tal web es o no una publicación.

Otro de estos “misterios” legales es cómo resulta posible que un juez considere sólo un artículo de la Constitución, sin tener en cuenta al resto, que otros 14 artículos de la misma son tan derechos fundamentales como el art. 20. Recordemos que en el art. 25.1 se lee que “Nadie puede ser condenado o sancionado por acciones u omisiones que en el momento de producirse no constituyan delito, falta o infracción administrativa, según la legislación vigente en aquel momento.”

Varias de estas webs ya han sido absueltas, y la vía del recurso ya quedó agotada. Si el cierre de una de estas webs no es sanción, entonces, ¿qué es? ¿Una medida preventiva? ¿Cómo puede ser una medida preventiva si el caso ya fue juzgado y la web  salió absuelta? Nuevamente la ley Sinde se da de tortas con la Constitución, salvo que los jueces denieguen por sistema el cierre a las webs que ya han sido absueltas. Pero entonces, ¿cuál es el objeto de la ley Sinde?

Por si fuera poco, la Comisión de la ministra es la que resuelve, y resulta que es delito de prevaricación el dictar resolución injusta a sabiendas. Los miembros de la Comisión, ¿cómo van a alegar que no sabían que la web es legal si hay previamente  sentencia absolutoria? ¿Los veremos en el banquillo de los acusados?

Claro está que la ley Sinde encierra un entresijo. Primero la Comisión ordena la retirada de un enlace. Tan sólo resolverá el cierre de la web si el enlace no es retirado. Con esto ya se supone que el webmaster tiene “conocimiento efectivo” de que el enlace es ilegal, y debería retirarlo. Pero es que eso es mucho suponer, precisamente porque las absoluciones no se basaron en la falta de conocimiento efectivo de los webmasters, sino en el hecho de que enlazar la obra no es un acto cubierto por los derechos de autor. En términos legales, estas webs no realizan una “comunicación pública” de la obra, se limitan a enlazarla, no hay violación alguna de los derechos de autor por su parte.

Con todo esto van a tener que lidiar los jueces, incluidas las previsibles demandas por prevaricación contra los miembros de la Comisión. ¿Tanto costaba que los jueces decidiesen sobre el fondo del asunto? ¿Tanto costaba que siguiesen siendo ellos los que deciden si una web es legal? Esta era la principal y casi única demanda de los internautas. Pero claro, el objetivo de la ley Sinde no es otro que el de quitar a los jueces de en medio, porque estaban resultando molestos para una industria de contenidos que siempre se ha creído con el derecho divino a decidir lo que es legal y lo que no. Bautista dixit.

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El largo viaje a ninguna parte

Posted by Krigan en 22 enero 2011

Mientras algunos tratan desesperadamente de resucitar la ley Sinde, cabe preguntarse a dónde quiere ir la industria de contenidos. Supongamos que se aprueba tal ley, lo cual es mucho suponer si tenemos en cuenta que hace sólo un mes que nuestro parlamento la rechazó. Pero vamos a suponerlo.

Las webs de enlaces que están en España migrarían al extranjero, y las que están en el extranjero se saltarían el bloqueo sin más que andar cambiando continuamente de IP o de nombre de dominio, según el tipo de bloqueo que se haga con ellas. La nueva IP (o nombre de dominio) se podría difundir incluso por Twitter. ¿Empezamos a cancelar cuentas de Twitter? ¿Empezamos a eliminar listas de correo? Pero sigamos suponiendo. Supongamos ahora, contra toda lógica, que tanto cambio frecuente de IP y de nombre  de dominio hace que estas webs pierdan muchos usuarios y que dejen de existir.

Naturalmente, esto no iba a impedir que se siga usando el p2p. El emule y otros programas p2p incorporan su propio sistema de búsqueda, usar las webs de enlaces es una conveniencia, no una necesidad,  y una conveniencia muy relativa, además. Cuando yo usaba el amule (versión para Linux del emule) en realidad nunca usaba estas webs, hay muchísimos usuarios del p2p que nunca las han usado.

Hagamos ahora la mayor suposición de todas, que mediante otra nueva ley consiguen cargarse el p2p. Es sin duda una suposición muy temeraria, llevan ya 11 años tratando de cargarse el p2p de todas las maneras posibles, legales e ilegales, y siempre el fracaso ha sido su único logro. Las propias discográficas están ya diciendo que la ley francesa Hadopi no está funcionando, que es exactamente lo que muchos dijimos desde el principio que iba a suceder. Sin embargo, supongamos que esta vez lo consiguen, que algún experto informático como Alejandro Sanz inventa la manera de cargarse el p2p.

En realidad no cambiaría gran cosa, seguiríamos teniendo el f2f (p2p entre amigos) a nuestra disposición. Pero vayamos más allá, supongamos que cierran Internet. ¿De verdad creen que conseguirían algo? Puedo comprarme un disco duro externo de un tera (mil gigas) por 70 euros, ir a casa de un amigo, copiar a su ordenador 100.000 canciones, copiar de su ordenador las otras 100.000 que tenía él, y volver el mes siguiente a por más. El verdadero problema acaba por ser qué hacer con tanta canción, ¿las escucho al menos una vez?

Claro está que esto es tan sólo especular. Nadie va a cerrar Internet, ni tampoco nadie va a cargarse el p2p, 11 años de represión han demostrado sobradamente que esto es imposible. Lo que está en juego no es Internet, ni tan siquiera el p2p, sino la integración de la mal llamada piratería con la Web. Buscas “La cría del melocotón africano” en Google, y te sale una web que lo tiene, o que lo enlaza, el enlace lo mismo puede ser un elink del emule que un enlace a Megaupload o Megavideo.

El programa p2p (o el gestor de descargas directas) lo mismo puede ser un plugin del navegador que un programa aparte que el navegador abra al pulsar sobre el enlace. Ahora suele ser un programa aparte, en el futuro será un plugin. Ahora suele ser descarga, en el futuro será streaming. Así, mientras la industria de contenidos prosigue su largo viaje a ninguna parte, nosotros seguimos avanzando hacia el futuro.

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