La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

El p2p cumple 10 años

Posted by Krigan en 6 junio 2009

Este mes se cumplen 10 años del nacimiento de Napster, el primer p2p de la Historia. Desde el principio las discográficas adoptaron una política de represión de la nueva tecnología, en lugar de tratar de adaptar su negocio a los nuevos tiempos.

Tal política de represión ha sido un completo fracaso. Primero empezaron demandando a las empresas creadoras de programas p2p, empezando por la propia Napster en 1.999. Como eso no impidió que la gente siguiera usando el p2p para intercambiar música, en el 2003 empezaron a demandar masivamente a los internautas en Estados Unidos y otros países. Durante 5 años, más de 35.000 internautas fueron demandados en ese país, pero tampoco eso detuvo a los amantes de la música. En la actualidad, tras haber abandonado las demandas masivas, las discográficas ponen sus vanas esperanzas de represión en la respuesta gradual, de la cual ya hemos hablado extensamente en otros artículos. Tampoco eso va a funcionar.

Durante años, las principales discográficas se negaron a vender sus canciones en Internet. A mediados de los 90 ya estaba claro para todo el mundo que Internet iba a ser la red universal del futuro, pero la industria de contenidos insistía tercamente en no poner sus productos en Internet. Las discográficas temían entonces, como lo temen ahora, que Internet desplace a los canales de venta tradicionales. Lo cual es muy cierto que iba a suceder, ya está sucediendo, pero es igualmente cierto que si eres un intermediario, o estás en Internet o no estarás en ningún lado.

Posteriormente, a principios de esta década, las discográficas aceptaron vender en Internet, pero con DRM. Meterle DRM a tus productos es una estupidez, dado que disminuye el valor de lo que vendes. Competir contra el gratis total ya es de por sí bastante difícil como para que encima lo compliques haciendo que  la copia que vendes sea menos valiosa para el usuario, por tener DRM, que la copia sin DRM de esa misma canción descargada del p2p.

Hace un par de años las discográficas aceptaron al fin vender sin DRM. Es más, el año pasado las discograficas incluso aceptaron que sus canciones estuvieran disponibles gratuitamente en Internet, en forma de streaming de canciones que se pueden elegir individualmente, financiándose con publicidad y servicios de pago de valor añadido. Obviamente, el usuario que así lo desee puede grabar esas canciones, de la misma manera que se hace con la radio.

No está claro si las discográficas conseguirán sobrevivir. Son un intermediario que Internet ha convertido en innecesario. Lo que sí está claro es que su situación actual sería mucho mejor si se hubieran preocupado más de vender y menos de reprimir, si hubieran empezado a vender en Internet desde principios de los 90, o a más tardar a mediados de esa década, como hicieron otras muchas empresas, vendiendo sin DRM desde el principio, y ofertando también desde el principio una variante gratuita del producto (las canciones en streaming) para aquellos clientes que sean reacios a pagar.

Otro intermediario que la tecnología ha vuelto innecesario son las editoriales. Durante años su negocio tradicional estuvo protegido de las terribles amenazas de Internet porque no existían aparatos adecuados para leer libros electrónicos. La situación empezó a cambiar en el 2.006, cuando empezaron a aparecer en el mercado mundial aparatos lectores de tinta electrónica, una tecnología de pantalla especialmente adecuada para la lectura de libros. Aún así, para el usuario estos aparatos tienen el obvio inconveniente de que hay que comprarlos, y sus precios todavía son demasiado elevados para mucha gente. El más barato cuesta actualmente 280 euros.

No obstante, otra revolución está en marcha en el mundo de los libros: leerlos en el móvil. De acuerdo, la pantalla de un móvil no es para nada adecuada para leer elibros (libros electrónicos). Es pequeña, es retroiluminada (se supone que eso cansa la vista, aunque depende de a quién le preguntes), y consume demasiada batería. Sin embargo, las estadísticas de descarga de programas para leer elibros en el iPhone son muy contundentes. En menos de un año desde que apareció la primera, estas aplicaciones han tenido un éxito abrumador.

Una de ellas, Stanza, lanzada en julio del 2008, alcanzó el millón de descargas en los primeros 6 meses de existencia de su versión para iPhone. El Kindle, que tal vez sea el aparato de tinta electrónica más vendido, alcanzó sólo medio millón de ventas en todo el 2.008. Las estadísticas de descarga de otros programas similares han sido igualmente exitosas. Seguramente en estos momentos la mayor parte de la gente que lee elibros no lo está haciendo en un aparato de tinta electrónica, sino en el iPhone y otros móviles.

En efecto, estos programas también están disponibles para otros móviles. Más concretamente, para cualquier móvil que use sistema operativo Symbian, Windows Mobile, o Blackberry (y pronto para Android). Hoy mismo me he instalado el programa Mobipocket Reader en mi Nokia, y he leído el comienzo de un par de libros que también he descargado con el propio móvil, de la web feedbooks.com, la cual ofrece gratuitamente elibros que están en el dominio público o con licencia libre, y tiene una sección de elibros en castellano.

He quedado agradablemente sorprendido de lo bien que se leen en una pantalla tan pequeña, tras haber aumentado el tamaño de letra que está por defecto, y eso que mi móvil no es de pantalla grande. Los libros eran Drácula de Bram Stoker y uno de Lovecraft. Hasta que no lea completo un libro en el móvil (tal vez lea Drácula este finde) no voy a sacar una conclusión definitiva, pero ya digo que he quedado gratamente sorprendido. En cualquier caso, es un hecho que en un iPhone, de pantalla mucho mayor, sí hay millones de personas que están leyendo elibros, y es también un hecho que al iPhone le han salido muchos imitadores que también se están vendiendo muy bien.

Volvamos a las editoriales. Los editores están aterrorizados, se temen lo peor (es decir, que los demás no tengamos que pasar por su caja). No paran de decir que no quieren repetir los errores de las discográficas… pero es eso exactamente lo que están haciendo. Señores editores, ahórrense 10 años de sufrimientos, 10 años de ventas perdidas. Son ustedes unos intermediarios, si no están en Internet no estarán en ningún lado.

Hagan ustedes lo que hacen ahora las discográficas, no lo que estas han hecho los últimos 10 años. Póngan todos sus libros en Internet, ya mismo, sin DRM, a un precio asequible, e incluso gratis para lectura online (similar a un streaming de canciones), de lo cual podrían obtener jugosos ingresos por publicidad. Si no lo hacen, webs legales como Feedbooks y Manybooks, y ese gigante que se acerca llamado Google Books, se quedarán con su negocio. Los escritores firmarán con ellos y no con ustedes, y nadie llorará su pérdida.

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