La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

La ley de los 3 fracasos

Posted by Krigan en 5 enero 2009

Las discográficas han fracasado en su estrategia de demandas masivas a internautas, campaña de demandas que han llevado a cabo durante los últimos 5 años en Estados Unidos y otros países. No sólo no han detenido el crecimiento del p2p en Estados Unidos, sino que su imagen pública ha quedado por los suelos, demandando por cantidades astronómicas a niñas de 12 años, a ancianos, a muertos, a personas que nunca han usado un ordenador, a familias enteras en las que el primer demandado salía absuelto e iban a por el siguiente miembro de la familia.

El único juicio que habían ganado hasta la fecha (de más de 30.000 demandas) ha sido declarado nulo por el propio juez que lo instruyó y se repetirá en condiciones tales que es poco probable que las discográficas lo ganen. Es por todo esto por lo que la RIAA (la principal organización de discográficas en Estados Unidos) anunció el pasado mes que abandonaba la campaña de demandas masivas.

Ante tamaño fracaso, ¿han decidido las discográficas adaptar su negocio a los nuevos tiempos? No. Su respuesta ante el fracaso de la represión es… otro sistema de represión. Por eso están ahora usando su inmensa influencia para  imponer, en todos los países del planeta, la así llamada ley de los 3 avisos.

Los detalles varían de un país a otro. En el caso de Francia, que será el primer país en implantar este sistema (y que actuará por tanto como conejillo de Indias de las discográficas), la cosa consiste en que un representante de las discográficas detecta que una IP (dirección de Internet) ha sido usada para descargar música de una red p2p, y encarga al proveedor de Internet correspondiente (que está obligado por ley a cumplir tales órdenes) que mande un aviso al cliente al que corresponde esa IP. Si es detectado por segunda vez, se le manda un segundo aviso, y a la tercera vez se le corta temporalmente la conexión.

Esta ley va a ser un nuevo fracaso de las discográficas, por diversas razones. Van a ser abundantes los falsos positivos, con lo cual muchas personas y también algunas empresas verán cómo se les corta la conexión a pesar de no haber descargado ninguna canción. ¿Y cómo sé que van a abundar los falsos positivos? Pues porque ya ha sucedido, ya se ha demandado a muertos y a personas que nunca en su vida habían usado un ordenador, ¿recuerdan?

Además, la constitucionalidad de tal ley en cualquier país democrático es más que cuestionable, dado que elimina la presunción de inocencia y el derecho a no ser condenado sin juicio. ¿Soy culpable tan sólo porque lo diga una discográfica? Se supone que eso lo tiene que decidir un juez, no un demandante. ¿Qué pasa si mi interpretación de la ley es diferente de la de las discográficas? Ellas son parte interesada, e interpretan la ley de manera diferente a como la interpretan los jueces en muchos casos. ¿Qué pasa si yo no tenía conocimiento de que mi router wifi ha sido usado para descargar canciones? La seguridad de la gran mayoría de los routers wifi domésticos deja mucho que desear. ¿Qué pasa si los métodos de investigación de las discográficas resultan ser chapuceros? Ha pasado ya en Estados Unidos y Gran Bretaña. ¿Qué pasa si…?

Además, esta ley no va a impedir el intercambio de canciones. Nótese que para que esta ley funcione es necesario que la discográfica obtenga la IP del que descarga, y eso no se cumple en diversos casos:

– Servidores de descarga directa como Rapidshare o Megaupload, cuya popularidad entre los internautas estaba ya creciendo rápidamente antes de que se oyese hablar de ninguna ley de los 3 avisos. Se da pues la graciosa circunstancia de que su nuevo método de represión es inefectivo contra el sistema de intercambio que ya muchos estamos utilizando.

– Servidores seedbox

– Servidores VPN para p2p

– P2P privados como AllPeers

– FTP privados

– News binarias

– Intercambio de ficheros por email

– Intercambio de ficheros por chat (IRC) o mensajería instantánea (Messenger)

– Intercambio de ficheros por Bluetooth (hoy día casi todos los móviles que se venden son reproductores de mp3). Para esto ni siquiera se necesita tener Internet.

Todo esto sin mencionar que programas como PeerGuardian dificultan la obtención de la IP del internauta que descarga, y que la propia naturaleza de Bittorrrent también lo dificulta bastante, dado que no es una red, sino un conjunto de “redes aisladas” (enjambres), una por cada torrent.

Una vez más, las discográficas, y con ellas otras empresas de la industria de contenidos, tratan de solucionar sus problemas de adaptación a base de imponerle cargas absurdas y desproporcionadas al conjunto de la sociedad. Pero no por ello van a conseguir cambiar el curso de la Historia. Los derechos de autor, tal y como los conocemos, son un cadáver, y mal que les pese a algunos el muerto no va a resucitar y cada vez huele peor. ¿No sería mejor enterrarlo?

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