La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

La reforma de los derechos de autor

Posted by Krigan en 21 septiembre 2008

Como señala Enrique Dans, los derechos de autor se han quedado obsoletos y deben ser redefinidos. Por tanto, deberíamos empezar a proponer medidas de reforma de los mismos. La postura de los que creemos que el cambio es necesario se fortalecería si hubiera una alternativa concreta que sea apoyada por un amplio número de internautas.

He aquí mi granito de arena, cómo haría yo la reforma:

1 – Es absurdo que los derechos de autor duren un cierto tiempo después de su muerte (70 años en España en la actualidad). Sencillamente, no es posible incentivar al autor si este ya ha muerto. Además, condicionar la duración de los derechos de autor a la vida de este es también absurdo. Lo que creamos con este sistema es el grave problema de las obras huérfanas (obras que no es posible volver a publicar porque no sabemos con quién negociar los derechos, ni si están en el dominio público), dado que en muchos casos no sabemos cuándo ha muerto el autor, o si ha muerto. Según algunas estimaciones, el 98% de las obras estarían afectadas. Sería mejor si la duración de los derechos de autor fuese como cuando estos se inventaron a comienzos del siglo 18, que duren un determinado tiempo después de la primera publicación.

2 – ¿Cuál debería ser la duración de los derechos de autor? La gran mayoría de las obras obtienen todos o casi todos sus ingresos en unos pocos años desde la primera publicación, o incluso en unos pocos meses. Por lo que he visto, con una duración de 5 años bastaría para que los autores obtengan casi todos los ingresos actuales en la inmensa mayoría de los casos.

Es cierto que una duración mayor le proporciona una pequeña proporción adicional de ingresos a los autores, pero los derechos de autor son un monopolio (sobre la obra), y todo monopolio causa un daño a la sociedad. Con una duración larga (lo que hay actualmente) se daña mucho a la sociedad sin que los autores reciban casi ingresos adicionales, con una duración corta se daña poco a la sociedad y los autores recibirían casi todos los ingresos que obtienen actualmente.

3 – Los derechos de autor deberían ser de los autores, no un sistema para darle derechos, a menudo innecesarios, a todo aquel que esté metido en la industria de contenidos. Los intérpretes, ya sean cantantes, actores, o de cualquier otro tipo, no son autores ni necesitan derechos de autor dado que se pueden ganar la vida con su trabajo: dando conciertos, interpretando películas, etc, tal y como lo hacen ahora.

Estos “derechos de autor para los que no son autores” se usan en ocasiones para que ciertas empresas extiendan el monopolio sobre la obra. Un ejemplo típico serían canciones cuyo compositor murió hace más de 70 años (ya han expirado los derechos), pero la grabación hecha por un cantante u orquesta tiene derechos de autor porque los intérpretes todavía no han muerto (o han muerto hace menos de 70 años). Naturalmente, esto resulta ser muy conveniente para las discográficas, las cuales obtienen inmensas cantidades de dinero por estas grabaciones, mientras que los intérpretes no reciben nada en muchos casos, o tan sólo un porcentaje ínfimo en otros. Si no se mueren de hambre es porque se ganan la vida dando conciertos, pero para ganar dinero dando conciertos no son necesarios los “derechos de autor para los que no son autores”.

Nótese que a los actores nunca se les da en la práctica un derecho real sobre la película, en realidad no les afectaría en nada que se les quitasen los derechos de autor (los derechos los seguiría teniendo en la práctica la productora, derivados del derecho del director, como ahora). Otro tanto con los traductores, tanto a los actores como a los traductores se les paga un salario por el mero hecho de hacer determinado trabajo. En consecuencia no necesitan tener derechos de autor, a diferencia de los que sí son autores, que en caso de las películas son los guionistas y el director. De hecho, es el derecho del director el que hace que la película sea una obra protegida en su totalidad y en su conjunto (una película puede no tener un guionista que merezca tal nombre, como es el caso de “Mucho ruido y pocas nueces”, que es una adaptación fiel al cine de una obra de Shakespeare, autor que nunca tuvo derechos porque en su época no existían).

4 – El canon compensatorio, por supuesto, habría que abolirlo en aquellos países donde existe, incluida España. Es sencillamente injusto que me cobren por si acaso copio la obra. Es decir, el canon es cobrar a la fuerza por algo que tal vez hagas o tal vez no.

5 – El derecho de autor no debería cubrir actividades que se hagan sin ánimo de lucro. La concepción actual es que el derecho de autor cubre casi cualquier cosa que se haga con la obra, con pocas excepciones (la copia privada es una de ellas), sin importar si hay ánimo de lucro. Aquí hay que elegir entre 2 modelos de monopolio. En el modelo actual, te quedas sin la obra a no ser que pagues, pero eso es la teoría, ya no funciona en la práctica desde que se inventaron la fotocopiadora, el casete y el vídeo doméstico.

De ahí vino el canon: como ya no era cierto que te quedabas sin la obra si no pagabas, en algunos países empezaron a cobrarlo a la fuerza y de manera indiscriminada, porque era la única manera de cobrar. El ordenador personal e Internet han hecho que sea todavía menos cierto que te quedas sin la obra, el modelo actual está fallando más que nunca, y fallará todavía más en el futuro, con cada nuevo avance tecnológico. Tan sólo pensemos en que ahora ya no tenemos impresoras, sino equipos multifunción, y yo ya no imprimo ni fotocopio los textos largos (libros incluidos), sino que los leo en mi lector de tinta electrónica.

Por el contrario, con el otro modelo (los derechos de autor se aplicarían sólo cuando hay ánimo de lucro) el injusto canon se torna innecesario y se le reservan al autor todas las posibilidades de hacer dinero con la obra, siempre y cuando no estén basadas en el obsoleto “si no pagas te quedas sin la obra”. Eso hace décadas que no funciona, y el hecho de que la industria de contenidos no se haya derrumbado en todos estos años (incluso ha incrementado sus ingresos en muchos casos) demuestra claramente que es posible hacer negocio aunque sea fácil para el consumidor obtener la obra sin pagar.

6- Se debería abolir la reciente prohibición de desproteger (aprobada en Estados Unidos en 1998 y en España en el 2006), tan sólo perjudica al que compra. Como resulta que siempre es posible desproteger (si no es posible hacerlo, ¿para qué lo prohíbes?) el que no paga disfruta de la obra igualmente, mientras que el que paga se encuentra con la disyuntiva de soportar toda clase de limitaciones absurdas, o desproteger e infringir con ello la ley, con lo cual acaba fuera de la ley precisamente el que ha pagado.

He aquí una reforma de 6 puntos que funcionaría, en mi opinión, mucho mejor que lo que tenemos ahora. Los celotes de la propiedad intelectual deberían dar argumentos de porqué creen que estos 6 puntos no son adecuados, en lugar de andar proponiendo nuevos recortes de derechos fundamentales, tratando inútilmente de sostener lo insostenible a base de medidas propias de un estado policial.

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