La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Los periódicos se hunden

Publicado por Krigan en 14 Septiembre 2009

Los periódicos se hunden. Sus ediciones impresas no paran de perder clientes, y sus ediciones online no generan suficientes ingresos publicitarios como para sostener el muy caro entramado empresarial que los sustenta.

Las ediciones impresas pierden clientes por una razón bien sencilla: Internet. Un medio impreso no puede darme las noticias tan actualizadas como Internet, ni tanta información por cada noticia, ni tanta variedad de noticias, ni permitirme expresar al momento mi opinión sobre la noticia, ni leer la opinión de otros lectores. El periódico impreso está muerto, se ha quedado obsoleto.

Ahora bien, ¿por qué las ediciones online no generan suficientes ingresos? Básicamente porque no es un problema de ingresos, sino de costes. Han de sufragar un entramado empresarial que Internet ha convertido en innecesario. En un periódico impreso ha de estar todo lo que el lector vaya a desear: no sólo las noticias de política nacional, sino también las de deportes, a pesar de que muchos lectores no leen estas últimas (o viceversa). Por supuesto, también ha de tener las noticias internacionales, las regionales, las culturales, o las de cualquier otra categoría, además de la programación de la tele, la cartelera de cine, el crucigrama y el sudoku, las tiras cómicas, la previsión del tiempo, y cualquier otra cosa que me haya dejado en el tintero.

Obviamente el coste de proporcionar sólo noticias de política nacional no es el mismo que el de dar toda la retahíla anterior, pero lo que en un medio impreso es una necesidad (el periódico ha de tener de todo porque generalmente el cliente sólo compra uno) en Internet es un lastre. Dado que puedo ver las noticias deportivas en la web de Marca, ¿para qué necesito que también aparezcan en la web de El Mundo? Lo mismo para el sudoku o cualquier otra cosa que se quiera mencionar. Dado que en Internet hay de todo, se impone la especialización. Ya no es posible ser un medio generalista, es demasiado costoso el abarcarlo todo, especializarse es la única opción.

Esta parece ser una idea demasiado avanzada para algunos. En lugar de ir cerrando periódicos impresos que ya sólo son un saco de pérdidas por haberse quedado obsoletos, y especializar las ediciones online en lo que sea el punto fuerte de cada una (la política nacional en el caso de El País o El Mundo),  su alternativa consiste en repetir algo que ya intentaron hace años y que fue un fracaso: cobrar por las ediciones online. Naturalmente, volverá a pasar lo que ya sucedió hace una década. El primero que lo haga perderá al 85% de su clientela, para beneficio de aquellos otros que también dicen que van a cobrar, pero prefieren que sea otro el que primero se moje.

Así que en lugar de adaptarse al nuevo medio, cometen el error clásico de pretender que sea el medio el que se adapte a ellos. No pasa nada, es su dinero. Que se estrellen si quieren, y cuando ya hayan vuelto a darse el tortazo, tal vez recapaciten y empiecen a decirse a sí mismos “podríamos quitar la sección de deportes, y el sudoku, y también…”

No es mi problema, ya aprenderán, y si no aprenden serán reemplazados por los numerosos medios exclusivamente online y especializados que ya existen. Lo que sí es mi problema es su empeño en echarle la culpa a otros. Como ellos son unos incompetentes, en lugar de reconocer sus errores lo que hacen es echarle la culpa a los agregadores de noticias, a los blogs, y sobre todo al malvado Google. Esa clase de basura sí es mi problema. A mí me gustan los agregadores de noticias, ¿por qué me los quieren quitar? A mí Google me da un buen servicio, ¿porqué he de quedarme sin él?. Yo visito varios blogs y yo mismo tengo uno, ¿por qué he de dejar de hacerlo?

Ellos dicen que nos aprovechamos de sus noticias, parecen olvidar que la información no tiene dueño, y que ellos mismos obtienen frecuentemente la información de terceros o de sus propios competidores. Pues bien, ¿a qué esperan? Que pongan ya mismo de pago sus ediciones online, que se lo coman con su propia salsa, que no lo dejen para el año que viene. En definitiva, que hagan lo que quieran, pero que a los demás nos dejen en paz. Esos inadaptados económicos tienen derecho a seguir tirando por el retrete el dinero de sus accionistas, pero no soy capaz de ver ni una sola razón por la cual los demás tengamos que aguantar sus pretensiones de aprendiz de dictador.

Tengo derecho a usar Google, tengo derecho a seleccionar las noticias a través de un agregador, tengo derecho a tener un blog y a disfrutar de los blogs de los demás. Y si eso les pica, que se rasquen. A Franco ya lo dejamos atrás, no veo porqué nadie tiene que decirme lo que puedo publicar y lo que no, ni cómo he de buscar la información. Porque en definitiva se trata de eso, de que ellos quieren seguir teniendo el control del acceso a la información. Y como el mundo ya no funciona así, se dedican a criminalizar a los blogs, a los agregadores de noticias y a Google.

Los periódicos se hunden, y espero que terminen de hundirse cuanto antes mejor. Cuanto antes desaparezcan, menos tiempo habrá que soportar sus tonterías. Cuanto antes suceda, antes podremos gritar ¡aleluya! sus antiguos clientes.

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El avance imparable del libro gratuito

Publicado por Krigan en 6 Septiembre 2009

Que los libros que están en el dominio público se ofrezcan gratuitamente en Internet ya no es noticia. El Proyecto Guttenberg lo lleva haciendo desde hace años, lo mismo que Internet Archive. En los últimos años se han subido al carro webs comerciales como Manybooks.net y Feedbooks, y el gigante Google ofrece ya un millón de libros para descarga gratuita. Casi todas estas webs ofrecen los libros en formato ePub (también el Proyecto Guttenberg y Google Books desde hace poco), que es especialmente adecuado para aparatos de tinta electrónica.

Ahora bien, ¿qué pasa con los libros que no están en el dominio público? ¿Estamos obligados a pagar o a recurrir al p2p? En muchos casos no es así. Autores como Cory Doctorow y Richard Herley ofrecen gratis sus libros en sus propias webs. Doctorow espera que las descargas de sus libros favorezcan las ventas de la versión impresa, mientras que Herley confía en ganarse la vida con las donaciones de aquellos a los que les hayan gustado sus libros. A fin de cuentas, lo que este autor estaba obteniendo por cada venta de libro impreso es una libra esterlina (poco más de un euro), así que si le pagas 2 libras por un libro que te ha gustado, estará ganando el doble de lo que ganaba antes.

Publicar en su propia web no es la única opción que tiene un escritor. Desde hace tiempo existen Lulu.com y la española Bubok, pero están orientadas sobre todo a la impresión bajo demanda, aunque Bubok ha empezado a soportar ePub en pruebas, y ambas siempre soportaron descarga de PDFs. El formato PDF es muy adecuado para imprimir, pero claramente inadecuado para los lectores de tinta electrónica, dado que todo PDF está ligado a un determinado tamaño de página (Din A4 o el que sea), mientras que ePub y similares se adaptan a cualquier tamaño de página o de pantalla, al estilo de como lo hace una página web. Si la pantalla es más pequeña, simplemente habrá menos palabras por línea, pero no disminuye el tamaño de letra ni es necesario hacer zoom.

Para el libro electrónico “puro” (ePub y similares) tenemos Smashwords, una web que permite a los autores fijar el precio de sus libros. A pesar de su juventud (empezó a funcionar en mayo del año pasado), hay ya más de 1.200 escritores que han publicado en Smashwords, y muchos de ellos han puesto sus libros en la categoría “gratis” o en la de “paga lo que quieras”.  Smashwords paga a los escritores hasta el 85% de los ingresos netos (descontada la comisión de Paypal) obtenidos por el libro.

A caballo entre el modelo gratuito y el de pago, también tenemos a la española LibroVirtual.org, que cuenta ya con 125 obras de 68 autores, por lo que he visto todas en castellano. Básicamente siguen la regla de que te puedes descargar gratuitamente la versión PDF, pero te cobran por la versión para libro electrónico “puro” (ePub o LRF). Aunque en realidad lo  que hacen es enviarte a Bubok para la versión gratuita (con lo cual también te puedes descargar gratis la versión ePub en pruebas de Bubok). Aunque su modelo de negocio resulta confuso, merecen mención por soportar donaciones al escritor, y porque tienen el mérito de ser gente con ganas de experimentar en la comercialización a través de Internet, cosa que no se puede decir de la mayoría de editoriales.

No sólo los escritores están poniendo gratis sus libros, hay editoriales que también lo están haciendo. Baen Books ha puesto gratis en su web más de un centenar de libros de su repertorio. Esperan con ello aumentar la difusión y fama de sus libros, y que ello incremente las ventas. También está Bookboon, que publica guías de viaje y libros técnicos gratuitos, financiándose con la publicidad incluida en los propios libros, un modelo de negocio que ya anticipé hace un año en “El sustento del escritor“, y al que le auguro un gran porvenir.

Finalmente, también tenemos las bibliotecas. Desde siempre ha sido posible recurrir a las bibliotecas públicas para leer libros gratis. ¿Problema? Hay que ir a sacar el libro, y después hay que ir otra vez a devolverlo. Ahora, en Estados Unidos, gracias al libro electrónico ha desaparecido ese inconveniente. Hay bibliotecas de ese país que han digitalizado sus fondos y ofrecen tales libros para descarga y uso temporal con DRM.

El sistema tiene sus limitaciones. Si la biblioteca tiene 3 ejemplares de un libro, ese es el máximo que puede prestar. Si ya están prestados (o descargados con DRM) en este momento, te tocará esperar a que alguien devuelva alguno de los ejemplares (o le caduque el DRM). Otro problema es la compatibilidad con los aparatos lectores, pero si no te importa infringir una ley estúpida puedes romper la protección, y resolver así cualquier problema de compatibilidad. Ya de paso, también te desaparecerá la limitación temporal, aunque las bibliotecas suelen poner plazos amplios en los préstamos.

En pocas palabras, hay ya un amplio abanico para leer toda clase de libros gratis sin recurrir al p2p. En Estados Unidos incluso los super-ventas se pueden leer en biblioteca virtual. Eso sí, la oferta en castellano es todavía mucho menor que en inglés, pero todo se andará. Lo cual plantea una cuestión. Las editoriales, salvo honrosas excepciones, siguen empeñadas en mantener el viejo modelo de copias de pago, modelo que tiene sentido con el libro impreso, pero no con el electrónico.

Satanizar el p2p parece ser su única estrategia, pero con tantas alternativas de libros gratis “autorizados” que ofrece ya Internet, ¿cómo esperan conseguir que los clientes acepten el obsoleto pago por ejemplar? La gente pagará por lo que quiera pagar, por libros que le hayan gustado mucho, y pagarán lo que quieran pagar. El modelo de donaciones será el que impere frente al modelo de pago. O bien los libros se financiarán con publicidad, ya sea incluida en el propio libro, ya en la web desde donde se hace la descarga.

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Un mercado diferente

Publicado por Krigan en 27 Agosto 2009

Las editoriales siguen con una concepción muy arcaica de lo que es vender libros en Internet. Se creen que la cosa es como en los libros impresos: el editor selecciona el libro, sus empleados preparan la edición (corregir pruebas, maquetar, diseño de cubierta), lo mandan a imprenta, y se lo dan al distribuidor, el cual lo repartirá entre las tiendas. Tal vez al libro se le haga algo (o mucho) de promoción.

Sin embargo, en Internet las cosas son muy distintas. Nótese que hablo en presente, estoy contando cómo se hace ya actualmente en Scribd, Lulu.com, Bubok, Feedbooks, etc.

No se selecciona el libro, porque eso es perder tiempo y dinero. A diferencia de una tirada, no pasa nada malo si publicas en Internet un libro de cual no se vende ni un ejemplar. Un libro ocupa menos de un mega en el disco duro de los servidores, y el coste de eso es casi cero. Pagar a alguien para que lo lea (para seleccionarlo) sale muchísimo mas caro.

Corregir las pruebas lo hace el escritor. A no ser que sea famoso, nadie quiere hacerlo por él, precisamente porque se sigue la regla de no seleccionar el libro, se publica cualquier libro que envíe cualquiera.

La maquetación no existe en formatos como Mobipocket y ePub, que son precisamente los más adecuados para el libro electrónico. El escritor ha terminado de escribir el libro con el procesador de textos, correcciones incluidas. Abre un programa conversor, le da a un botón, y ya tienes el libro “maquetado” (listo para publicar). No necesitas diseñar la cubierta porque los libros electrónicos no llevan cubierta.

El distribuidor no existe, y la tienda es una web accesible a nivel mundial. Los propios lectores ya seleccionarán lo que les interese, mediante votaciones de otros lectores, recomendaciones en webs sociales, etiquetas, etc. La promoción la hace el escritor, anunciando el libro entre sus relaciones, en su blog, etc. Si tiene éxito bien, y si no, será uno más entre miles. Sí que hay libros que han tenido un éxito tremendo exclusivamente por su promoción en Internet. “Copia este libro” de David Bravo, por ejemplo.

Si explico todo esto es porque es importante comprender que la web donde esté el libro pasa a serlo todo: editor, distribuidor y tienda. Por supuesto, el libro puede estar en más de una. En ese sentido, lo que hacen las editoriales norteamericanas con Amazon y su Kindle es un error, o montas tu propia web, o estarás fuera del negocio en pocos años.

Naturalmente, lo que hacen muchas editoriales españolas (esperar sin hacer nada) es también un error. Hay un buen puñado de punto-com tomando posiciones ahora mismo, con Google a la cabeza, esperar es un suicidio.

Se da además la circunstancia de que los editores españoles ni siquiera fueron lo suficientemente previsores como para asegurarse por contrato los derechos de Internet de los libros, tales derechos siguen en manos de los autores y sus herederos, así que los editores españoles ni siquiera van a poder pasarse unas décadas viviendo de las rentas hasta que se extingan los derechos de los libros ya publicados. Los agentes literarios son conscientes de ello, y los autores a los que representan sólo firman contratos a corto plazo para Internet.

También está el muy amplio grupo de los libros del dominio público, que incluye infinidad de libros famosos. Ya hay webs especializadas en ellos, y los están dando gratis. De momento hay poco en castellano, pero es sólo cuestión de tiempo que estas webs dediquen más atención a idiomas distintos del inglés. Feedbooks ya tiene sección en castellano y en francés:

http://www.feedbooks.com/books?lang=es

En castellano son pocos (unos 70), pero en francés tienen ya casi 400 libros, y en inglés unos 1.700. Un hecho interesante es que la duración de los derechos de autor no es la misma en todos los países, en algunos duran sólo 50 años después de la muerte del autor. Esto significa que Orwell, por ejemplo, está en el dominio público en algunos países, y una web radicada en uno de esos países puede ofrecer a nivel mundial tales libros.

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