La guerra de los bits

Derechos de autor en la era digital

Un castigo justo

Publicado por Krigan en 24 Noviembre 2009

La industria de contenidos insiste en que debemos ser castigados por nuestros malvados actos. Afirman que bajarse una canción, libro o película del p2p es un acto perverso que la ley debe perseguir. Ahora bien, de admitir tal planteamiento, ¿cuál sería el castigo justo?

Las canciones se venden en iTunes a un dólar, los libros electrónicos se venden en Amazon a 10, todo ello con el beneplácito de discográficas y editoriales. Si la ley castigase la descarga p2p con una indemnización de 80.000 dólares por canción, tal y como hizo un jurado norteamericano en el caso de Jamie Thomas, estaríamos mandando a la quiebra a toda persona a la que se atrape bajándose un puñado de canciones que no cuestan ni 30 dólares en iTunes. Claramente eso es desproporcionado.

¿Y si lo castigásemos con 100 dólares? Seguiría siendo desproporcionado y contrario al principio de proporcionalidad de las penas. Si a mí no me pagan una deuda, la condena del deudor será a pagar el importe de la deuda más los intereses de demora, no a pagar 100 veces esa cantidad. Si alguien abolla mi coche, la condena será a pagar la reparación, no 100 veces el valor de la reparación. Si se quiere mantener la proporcionalidad de las penas, la indemnización para los autores no puede ser de 100 veces el supuesto daño causado, a no ser que multipliquemos también por 100 la indemnización en el resto de los casos legales.

¿Y si lo castigásemos con un sólo dólar? A fin de cuentas eso es lo que cuesta la canción en iTunes. Ese sería un castigo más en consonancia con lo dispuesto por la ley española en su artículo 140 LPI. No obstante, la ley dice que la indemnización será “La cantidad que como remuneración hubiera percibido el perjudicado, si el infractor hubiera pedido autorización para utilizar el derecho de propiedad intelectual en cuestión.” Cuando compramos una canción en iTunes, nosotros pagamos 99 centavos de dólar, pero una parte del dinero se lo queda iTunes, la discográfica recibe sólo 70 centavos, y de esos 70 centavos el artista recibe sólo 4,5

Surge aquí una paradoja. Si la descarga p2p de una canción fuera ilegal, el infractor tendría que pagar 70 centavos si le demanda la discográfica, pero sólo 4,5 si le demanda el artista. ¿Cuál es el castigo justo? ¿70 centavos o 4,5?

Claramente el castigo justo serían 4,5 centavos, que son unos 3 céntimos de euro, incluso si la ley española dispone otra cosa en algunos casos. Veamos un ejemplo para explicarlo. Pongamos que compro un libro, el cual me cuesta 20 euros en librería. El escritor recibirá un euro (el 5%) por libro vendido, este es el porcentaje habitual. La editorial recibirá unos 7, el resto se lo quedan distribuidor y tienda.

En consecuencia, ¿el castigo debería ser un euro o deberían ser 7? Lo cierto es que si me bajo ese mismo libro del p2p la copia me ha he hecho yo, y la editorial se supone que ha impreso sólo las copias que espera vender, teniendo en cuenta todos los factores, incluso el p2p. Si la editorial me demandase por 7 euros, estaría pretendiendo recibir una indemnización por un daño que no ha sufrido. Ese ejemplar, esa copia que yo me he bajado, nunca ha sido impresa ni almacenada, nunca les ha generado tales gastos.

Análogamente, con los CDs pasa algo parecido. Los libros se han visto poco afectados por el p2p, pero las discográficas señalan que las ventas de CDs han bajado a un tercio de lo que eran en unos pocos años, y le achacan esta bajada al p2p. Es una afirmación discutible, porque el CD se ha quedado obsoleto y eso también ha podido influir en la bajada de ventas del mismo (nótese que las descargas de pago no han parado de subir), pero lo que aquí nos importa es que la discográfica asume costes en base a la situación del mercado en cada momento.

Si hace 7 años esperaba vender 30.000 CDs de cierto álbum, los costes de impresión, almacenaje, promoción, o cualquier otro coste que tuviese, fueron aceptados (o rechazados en muchos casos) en virtud de las ventas que esperaba tener. Si ahora espera vender 10.000 CDs de otro álbum, entonces imprimirá sólo 10.000, no 30.000, y almacenará los que ha impreso ahora, no los que hubiera impreso hace 7 años, y el gasto de promoción o cualquier otro coste también irá en consonancia con la situación actual, no la de hace 7 años. En otras palabras, las discográficas, como haría cualquier otra empresa, sólo sacan al mercado un disco si esperan obtener beneficio. En caso contrario, no lo sacan. Lo cual, dicho sea de paso, ha dejado de ser un problema para el artista, que ahora puede publicar su canción en Internet a coste cero, e incluso ponerla a la venta en iTunes y otras tiendas web pagando unos pocos dólares a Tunecore por gastos de tramitación.

Obviamente, a las discográficas no les hace gracia que las ventas de CDs estén bajando. Para un mismo porcentaje de beneficios, 3 veces menos ventas significan 3 veces menos beneficios, pero eso ya es la evolución del mercado. A los fabricantes de carruajes seguro que tampoco les hizo gracia que las carrozas se vieran sustituidas por los coches. En definitiva, aquí estamos hablando de derechos de autor, no de un imaginario derecho del intermediario a que su mercado siga siendo tan gordo como lo era antes, y por tanto la única indemnización justa es la que corresponde al artista o al escritor, 3 céntimos o un euro respectivamente.

¿3 céntimos por canción es una miseria? Sin duda alguna, pero es exactamente esa miseria la que recibe el artista, ese es exactamente el precio al cual el artista ha aceptado por su propia voluntad que se venda en Internet una copia de su canción. ¿A los artistas no les gusta ese precio? Pues que le reclamen a la discográfica, que son los artistas, y no yo, los que han firmado con ella, en lugar de poner ellos mismos sus canciones en iTunes usando Tunecore. Supongo que no querrán que yo les pague una indemnización mayor, si ellos mismos han valorado en eso su canción.

Hay gente que se baja muchas canciones. Pongamos que alguien se ha bajado mil. Siguiendo esta regla, la indemnización a pagar sería de 30 euros. Es más, si los artistas ponen un sistema de pagos en Internet en virtud del cual se les pueda pagar 3 céntimos por canción, hasta nos ahorraríamos los juicios. Pero claro, esto no lo quieren las discográficas. Ellas piensan que es mejor si seguimos pagando mil dólares por mil canciones, unos 650 euros en lugar de 30. Una vez destapadas todas las mentiras, de esto va este tema, de la muy jugosa diferencia entre 650 euros y 30.

¿Y si los artistas empiezan a usar masivamente Tunecore? Muchos ya lo han hecho, incluidos un buen número de artistas famosos, y el artista que lo haga sí que puede reclamar 70 centavos de indemnización, porque sí se está llevando esos 70 centavos de iTunes. No obstante, tengo la fuerte impresión de que, tan pronto como las discográficas queden fuera de las ventas en Internet, dejaremos de oír hablar de ilegalizaciones y de castigos. ¿Por qué será que tengo esta impresión? En cualquier caso, 70 centavos para el artista sí sería un dinero bien empleado, ese sí sería un castigo justo si es que tanto empeño tenemos en hablar de castigos.

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Réquiem por un monopolio

Publicado por Krigan en 10 Noviembre 2009

No dejan de ser curiosos ciertos conceptos sobre el bien y el mal, y sobre la supuesta propiedad (intelectual) del autor. La primera ley de derechos de autor todavía no ha cumplido 3 siglos desde que entró en vigor, y tales leyes no empezaron a existir en todos los países del mundo al mismo tiempo, pero algunos nos aseguran que está mal copiar y descargar, y que estamos violando la propiedad del autor.

Si de verdad es un acto malvado el copiar la obra de alguien sin su permiso, o el interpretarla ante un público, entonces toda la Humanidad fue malvada antes de 1710, y en ese año y los siguientes todo el mundo siguió siendo malvado salvo los ingleses.

Y si verdaderamente el derecho de autor es una propiedad, entonces nadie en toda la Humanidad reconoció tal propiedad antes de 1710, y sólo los ingleses la reconocieron tal año. Aunque, curiosamente, sin llamarla propiedad. Se limitaron a llamarla “derecho de copia”. Más aún, era tan poco evidente que tal cosa fuera una propiedad que ni los ingleses ni nadie más en todo el mundo la empezaron a llamar así hasta siglo y medio más tarde.

Lo peor de todo es que la Humanidad sigue siendo malvada, toda la Humanidad, dado que seguimos publicando y comprando los libros de Homero sin permiso de este. Por si esto fuera poco, vemos sin pudor La Sirenita a pesar de no tener permiso de Hans Christian Andersen. Incluso los ingleses lo hacen.

Una vez desmontada la propaganda falaz, propaganda sostenida únicamente por la fuerza del dinero, pero no por la fuerza de la razón, podemos empezar a hablar en serio de problemas reales que requieren soluciones reales. Es un problema real que el autor debe tener un medio de ganarse la vida, que a fin de cuentas para eso es para lo que se inventaron los derechos de autor.

Lo que ha habido hasta ahora es el monopolio del autor sobre su obra, en esto ha consistido siempre el derecho de autor. ¿Es esta una buena solución? Los monopolios son siempre malos para todo el mundo menos para el monopolista, pero el problema de si la sociedad ha de soportar los males del monopolio por el bien del autor es ya un problema obsoleto. Ya no hay monopolio, está definitivamente roto. Si el monopolio siguiera existiendo, ni siquiera estaría escribiendo este texto, ni ustedes lo estarían leyendo. Si estamos aquí, hablando de a ver qué hacemos con los derechos de autor, es precisamente porque el monopolio ya no existe.

¿Alguien tiene alguna idea para restaurar el monopolio? Que la proponga, y los demás podremos estudiarla y opinar si es buena idea. De momento, la única propuesta que hay consiste en desconectar a los internautas sin juicio previo, a instancia de parte, sin pruebas, y sin respetar la presunción de inocencia. Sin embargo, esta no sólo es una solución inútil, es también inaceptable. Somos muchos los ciudadanos que no estamos dispuestos a cargarnos algunos de los más básicos principios del sistema legal tan sólo por intentar en vano restaurar algo que es malo para toda la sociedad, en beneficio de una pequeña minoría.

¿Entonces? ¿Cómo le damos a los autores un medio de sustento? Desde luego, no va a ser mediante un monopolio sobre la obra. Si hay algo que está claro es que el cadáver no va a resucitar. Por ello es necesario un cambio radical de mentalidad en nuestros legisladores. La solución a un monopolio roto no es más monopolio roto, la única solución posible consiste en basar el derecho de autor en algo distinto. Puede ser un privilegio comercial como que los derechos de autor sólo se apliquen cuando hay ánimo de lucro, o puede ser otra cosa, pero lo que no puede seguir siendo es lo que ha sido hasta ahora, un monopolio sobre la obra, porque tal monopolio es ya imposible.

Nos dicen que el negocio se hunde, pero tan sólo se está hundiendo lo que se tiene que hundir. La asistencia a los conciertos está subiendo, la asistencia a los cines también. Spotify está siendo un gran éxito, lo mismo que otros negocios que ofrecen contenidos en Internet. iTunes incluso vende copias, oiga usted, y le va muy bien. El negocio no muere, tan sólo se transforma. Lo único que ha muerto es el monopolio, y cuanto antes celebremos el funeral y pasemos a otra cosa, tanto mejor.

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Piratea, que es mejor

Publicado por Krigan en 13 Octubre 2009

Dicen las productoras de cine que no pueden competir con la mal llamada piratería, con el gratis total, a pesar del hecho obvio de que ellas mismas están dando gratis con anuncios sus películas de más de 2 años por la tele (¿acaso no pueden hacer eso mismo por Internet?). Lo dicen aunque la venta de entradas de cine esté aumentando. En el proceso de comercialización de una película hay 3  fases principales: exhibición en cines, venta y alquiler de DVDs, y emisión en televisión en abierto. Sólo la fase intermedia está fallando en la Era Internet, tan sólo la venta y alquiler de copias se ve amenazada por la descarga de copias del p2p.

Lo cierto es que muchos internautas, en muchas ocasiones, ni siquiera quieren conservar una copia permanente de la película, sólo quieren verla. Algunos la borran después de verla, otros la mantienen en el disco duro multimedia hasta que se quedan cortos de espacio y entonces borran las pelis que es menos probable que deseen ver otra vez, otros graban en DVD tan sólo aquellas pelis que más les han gustado… hay casi tantos comportamientos como personas. La regla general no es conservar la película, y menos cuando ya te has bajado un montón y ya no sabes qué hacer con tantas, ni dónde meterlas.

Ahora bien, ¿qué pasa cuando alquilamos una peli en videoclub? ¿El precio es el único inconveniente? Pues no. De hecho, el euro que cuesta la peli en el día del espectador no es lo más importante. Hay que bajar al videoclub a alquilarla, rezar para que la peli que te interesa no la haya alquilado otro, y hacer cola para pagar y que te den la copia. Por si fuera poco, cuando vas a verla tienes que tragarte el anuncio anti-piratería (a pesar de que no la has pirateado) que la primera vez no importa pero las siguientes 500 veces ya acabas hasta los cojones del puto anuncio, tragarte otros varios anuncios que tampoco te puedes saltar, y devolver la peli a más tardar al día siguiente, lo cual implicar volver a bajar al videoclub.

En tiempo eso son 5 minutos de bajar al videoclub a alquilarla, 5 minutos de hacer cola, unos 3 minutos de anuncios, y otros 5 minutos de bajar a devolverla. Casi 20 minutos en total, y como tengas que arreglarte para salir a la calle todavía es más. Si cobras sueldo mileurista, estarás ganando aproximadamente 6 euros por hora de trabajo, y 20 minutos de tu tiempo equivalen a unos 2 euros. El tiempo que pierdes con ese medio de distribución obsoleto que llamamos videoclub equivale económicamente al doble que lo que te ha costado el alquiler.

Por el contrario, si te bajas las pelis del p2p, puedes estar teniendo siempre una reserva de pelis para ver, y bajar varias pelis al mismo tiempo cuando la reserva vaya menguando, todo ello sin moverte de casa y sin tener que tragarte molestos anuncios. Tal vez lo más paradójico del anuncio anti-piratería es que siempre le está recordando a los que NO piratean que hay mejores opciones para obtener la peli. Es como si en los anuncios de Mercedes siempre te recordasen lo muy baratos que son los coches de Daewoo, y te recomendasen comprar coches de Mercedes no porque estos te interesen, sino por el bien de los accionistas de esta empresa. Es como si te estuviesen diciendo “Piratea, que es mejor”.

Lo lógico sería que ofreciesen las pelis para descarga de pago, a precio similar al del videoclub. En realidad ya lo hacen, desde hace años, pero surge otro inconveniente: el DRM. Como tienen el empeño de que la peli sólo la puedas ver durante uno o dos días, le meten una protección que deshabilita la película pasado el tiempo establecido. ¿Problema? Que ese DRM es incompatible con todos los reproductores de vídeo que la gente tiene en casa, en la práctica sólo puedes ver la peli en el ordenador, lo cual no es muy cómodo que digamos.

En el sistema de contabilidad creativa que ellos manejan, una peli que sólo se pueda ver durante tiempo limitado tiene un precio de unos 2 euros, y una copia permanente de la peli “cuesta” unos 15 euros. Pero claro, a ver quién es el guapo que se va a gastar 15 euros en bajarse una peli que sólo quiere ver una vez, y que encima tampoco esa versión permanente es compatible con los reproductores de salón. El resultado final es que la gente no está “alquilando” (bajándose por unos 2 euros) las pelis, ni tampoco las está “comprando” (bajárselas por 15 euros). Lo que ellos conceptúan en su fértil imaginación como 2 euros o 15 euros acaban por ser cero euros en la realidad.

Acaban así atrapados en su mundo de fantasía, ganando en realidad cero euros por atenerse a las reglas de una economía irreal. Tienen miedo de perjudicar al mercado de la venta y alquiler de DVDs, pero ese mercado se está hundiendo igualmente por obsoleto. Y como la culpa de todo la tiene (según ellos) la mal llamada piratería, nada mejor que cabrear al que sí ha comprado el DVD con el enésimo visionado a la fuerza del “tú nunca descargarías un coche”. Sólo que yo sí lo haría, si se pudiera hacer.

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